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El síndrome del superviviente, a 2 años del sismo del 19-S

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  • Situaciones que pueden desencadenar el síndrome

Han pasado 2 años de aquel 19 de septiembre de 2017 en el que la tierra se cimbró y los habitantes de la Ciudad de México vivieron una situación colectiva traumática que los hizo sentir vulnerables, impotentes, confundidos, con miedo y con sentimientos de desprotección: esta fue una situación que pudo generar un trauma en gran parte de la población, el cual probablemente ha crecido y sigue sin atenderse.

 

La psicoterapeuta Norma Farca relata que un trauma se crea cuando un individuo se encuentra intensamente agobiado por la situación, sobrepasa su tolerancia y los recursos para lidiar con el evento le son insuficientes

 

Este síndrome aparece de inmediato después de un fuerte evento o en los momentos posteriores; tiene síntomas tanto psicológicos como físicos y puede ocurrir a cualquier edad. 

 

Además, no sólo se desata por sismos o catástrofes naturales, también ocurre por guerras, muertes, agresiones sexuales, despidos en el trabajo, accidentes, encarcelamiento, y en general cualquier situación que impacta de manera negativa en una persona.

 

Pero, ¿qué pasa cuando el tiempo transcurre y la persona todavía siente que vive lo ocurrido en el evento traumático?

 

Farca explica que cuando la ansiedad, estrés, tensión, agitación, mareos, desmayos, taquicardias, dolores de cabeza, entre otros síntomas, siguen presentes en la vida de un individuo, se relacionan con el trastorno de estrés postraumático.

 

Sin embargo, cuando no sólo se tiene este trastorno de ansiedad sino que también hay culpa, lo que se da es el “síndrome del superviviente” que aparece después del trastorno de estrés postraumático y por lo tanto, se presentan síntomas muy similares que dificultan la capacidad para manejarse como se hacía habitualmente.

 

Uno de los grandes desafíos de todas aquellas personas que superaron un evento o una situación muy traumática es haber sobrevivido. Es común que muchos se sientan culpables por haber sido librados de la muerte, por no haber sufrido tanto como otros o por sentir que no hicieron lo suficiente para ayudar a los demás.

 

Esto es una alerta importante, de acuerdo con Farca, pues con el sentimiento de culpa, viene una necesidad de castigo y reiteradamente se preguntan el significado del desastre, por lo que reviven el evento con una impresión elevada y constante de la muerte. Esto repercute en sus actividades diarias, por la tristeza, desesperanza, cansancio, irritabilidad, que los aleja de los demás y altera su vida cotidiana.

 

Vivir con esto es agobiante, es una especie de “ironía trágica consciente”, por lo que conocer este trastorno se hace necesario.

 

Aunque no hay un perfil exclusivo de personas a las que les pueda ocurrir, existen varias condiciones que lo pueden detonar y en torno a las que hay que estar alerta. Las siguientes son algunas de ellas:

 

Puede ser que la persona haya pasado previamente por circunstancias peligrosas o traumáticas; algunos individuos que sufrieron lesiones, que previamente experimentaban sentimientos de terror, personas que sufrieron una pérdida (trabajo, familia, hogar), gente que vivió de cerca el suceso y no tuvo una contención, o individuos con antecedentes de una enfermedad letal o consumo de drogas.

 

Farca afirma que en estos casos es fundamental encontrar redes de apoyo sociales como familiares, amistades o grupos de apoyo. Además, es importante tener comprensión ante el dolor ajeno y tener paciencia, entender que no todo mundo reacciona igual. Es necesario ponerse en los zapatos de los demás, saber escuchar y aprender sobre estos trastornos.

 

La especialista enfatiza que hoy en día existen muchos tipos de terapia que ayudan a entender la situación y a lograr habilidades para aprender a relajarse o controlar a ira o la culpa, incluso tomar medicamentos, pues el cuerpo secreta las hormonas y los químicos de estrés que surgieron durante el evento.

 

Farca dice que es fundamental tomar conciencia de que uno no es culpable de lo ocurrido, ni de las penas de los demás. Es importante aceptar las pérdidas, ya que si una persona se mantiene en una constante tristeza y culpa no será capaz de ver aquello con lo que sí cuenta. Es necesario que los individuos afectados conozcan sus propias fortalezas, y para ello existe ayuda profesional.

 

Hoy se ha demostrado la importancia de la psicología ante fenómenos atípicos, incluso en el tema de la prevención; por ello, la especialista invita a quienes lo necesiten a que acudan con profesionales en trastorno de estrés postraumático.

 

Además, Farca comenta que incluso si ya ha empezado la asistencia psicológica y el paciente no se siente cómodo después de algunas sesiones, puede buscar una nueva opción de terapeuta, ya que la confianza en el especialista es importante para un tratamiento integral.

 
Contacto psicoterapeuta Norma Farca Hamui: normafarca@gmail.com.

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