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Identifica tus propias actitudes tóxicas

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¿Qué vas a aprender con esta nota?

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  • Cómo identificar tus actitudes tóxicas

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  • La forma de corregir estas conductas

Es probable que inviertas tiempo y energía en ubicar a la gente tóxica en tu vida pero, ¿qué tan seguido hay que mirar hacia adentro en ese sentido? La verdad es que todas las personas tienen momentos donde muestran su lado B y hacen gala de actitudes o patrones tóxicos sin darse cuenta. Sí, tú también.

 

Desde luego, hay una gran diferencia entre ser tóxico y actuar tóxico. El primer caso es cuando este tipo de conductas son el engrane de la personalidad, el segundo ocurre cuando se da en determinadas situaciones puntuales y no existe una sensación de satisfacción al dañar a otros, pues no se tiene conciencia. Algunas veces, estas conductas tóxicas se pueden apoderar de ti. Piensa en ellas como un músculo al que alimentas con esteroides y hierro; pronto se convierte en Hulk.

 

Sin embargo, esto tiene solución, pues basta con un poco de autoobservación y retroalimentación de otros para tomar conciencia y erradicar este hábito. En esencia, se trata de un constante esfuerzo para ser la mejor versión de ti mismo. Estas son algunas actitudes comunes que pueden dañar a los que te rodean, y cómo cambiar el rumbo:

 

  • Eres sarcástico. Tal vez pienses que tener recursos retóricos de sobra muestra lo listo que eres; o puede que hayas crecido en un ambiente donde lo normal era enmascarar emociones con este tipo de comentarios “audaces”. Pero la verdad es que lo que es chistoso en un programa de televisión, en la vida real duele cuando estás en el lugar del receptor. La forma de corregir esta conducta es simplemente pensar antes de hablar. Ponte en los zapatos del otro. En otras palabras, sé empático.

 

  • Gestionas el conflicto en forma pasivo-agresiva. Los conflictos son tan incómodos como inevitables. Huir de ellos a través de la hostilidad, y en general las actitudes pasivo-agresivas, no ayuda a nadie. Es más, convierte un pequeño roce en un gran problema. Recuerda que las conversaciones difíciles son peores en tu mente que en la realidad. Siempre pregúntate cómo puedes decir las cosas de una manera que sea amable y útil.

 

  • Todo es una competencia. Una cosa es contarle a alguien que tuviste una experiencia similar y otra muy distinta es tratar de demostrar que tú la pasaste peor. El dolor no es una competencia. Si te sorprendes con una conducta como esta, reflexiona sobre qué es lo que te hace tener esa necesidad de ganar o de validación externa. La honestidad contigo mismo es el mejor regalo que te puedes hacer.

 

  • Haces bromas en las situaciones menos apropiadas. Seguro conoces a alguien que siempre termina cualquier comentario con un “ja, ja, ja” o algún tipo de chiste, sin importar lo grave o triste de la situación. Si la persona en cuestión eres tú, puede que se deba a que no sabes cómo manejar este tipo de situaciones y tratas de escapar al imprimir algo de humor. Siempre será más respetuoso simplemente expresar que no sabes qué decir o cómo reaccionar que reírte.

 

  • Quieres ayudar a todos. Cuando sientes la necesidad de arreglar todos los problemas, puedes terminar con cargas emocionales que no te corresponden en absoluto. Si percibes que alguien tiene un problema, primero observa si pide ayuda. En caso de que no lo haga, puedes ofrecer tu opinión (con la posibilidad de ser rechazado). No te empeñes en arreglar el mundo, porque nunca vas a terminar.

 

Con información de Mind Body Green


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