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Esos kilos de más que tienes podrían deberse al miedo

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¿Qué vas a aprender con esta nota?

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  • La forma en que las emociones negativas afectan el apetito

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  • La razón por la que el miedo hace que den ganas de comer

¿Has notado que ciertas emociones negativas como el enojo, la tristeza y el estrés ocasionan cambios en tus hábitos alimenticios? En algunos casos inhiben el apetito, pero en la mayoría de ellos, el efecto es el de tener más hambre o antojos que te hacen comer más o ingerir alimentos que no son saludables, como los que son dulces o tienen mucha grasa.

 

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Esto no es fortuito. Al comer, el cerebro libera dopaminas, hormonas que generan una sensación de calma y bienestar. Esto ayuda a contrarrestar los efectos de las emociones negativas y te hace sentir mejor momentáneamente. Por esta razón, la necesidad de comer se vuelve constante y se puede dar aunque no se sienta hambre.

 

En el caso de México, además de las situaciones por las que toda persona atraviesa y que provocan tristeza, enojo, estrés, frustración, decepción y demás emociones negativas, existen factores que generan una gran sensación de miedo, como la inseguridad que se vive en la mayor parte del país.

 

De acuerdo con la psicoterapeuta Sandra Gussinyé Canabal, ante dicha inseguridad y la sensación de peligrosidad y vulnerabilidad que genera, la gente siente miedo y tensión. 

 

Así, muchas personas se refugian en la comida de forma inconsciente, ya que ésta les produce la sensación de bienestar mencionada anteriormente. Esta situación pone a la población en un riesgo mayor de padecer sobrepeso y obesidad

 

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La especialista, quien en días pasados impartió el diplomado ‘‘Educador en obesidad infantil: Niñ@s en movimiento” en la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México, explica que aunque a veces las personas niegan ciertos problemas o los normalizan para poder sobrevivir, cuando empiezan a vivir en tensión durante mucho tiempo, comen para calmar la ansiedad y así poder soportar el problema existente.

 

La psicoterapeuta agrega que, cuando una persona necesita comer para encontrar calma, se debe a que no sabe gestionar sus problemas, preocupaciones y crisis emocionales. A esto se le conoce como “hambre emocional”, pues se come para satisfacer necesidades emocionales.

 

Muchas personas tienen problemas de peso porque recurren a la comida como gestor emocional: si están tristes, enojados, aburridos, frustrados o si sienten algún temor, miedo o cualquier otro desequilibrio emocional, comen.

 

Por eso es importante aprender a analizar las emociones para poder reconocerlas y aceptarlas. De esta manera se puede identificar lo que las ocasiona, para solucionarlo y evitar recurrir a la comida para sentirse mejor.

 

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Con información de Excélsior


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