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¿Por qué sueles recordar más lo malo que lo bueno?

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¿Te ha pasado que los efectos de una experiencia negativa se quedan en tu mente por mucho tiempo, mientras que los de una positiva se vuelven efímeros?, ¿o que al hablar con tus amigos suelen dedicar más tiempo a analizar por qué les pasa lo malo que han sufrido, que a compartir y recordar la felicidad por lo bueno? 

 

Al parecer, la gente necesita entender lo que le pasa y suele pensar en el sentido de las cosas cuando algo malo ocurre, para entender por qué pasó. Por el contrario, cuando algo bueno sucede nadie suele preguntarse por qué, simplemente pasa y tras el momento de euforia o felicidad, todo vuelve a la normalidad y la vida continúa. 

 

Esto es algo de lo más normal porque, de acuerdo con diversas investigaciones, el cerebro humano tiene una tendencia natural hacia la negatividad, ya que los estímulos negativos producen más actividad neuronal que los positivos

 

En palabras del neuropsicólogo Rick Hanson, "el cerebro es como el velcro para las experiencias negativas y como el teflón para las experiencias positivas"

 

Esto se debe a que los sucesos adversos se guardan en la memoria a largo plazo de forma inmediata, mientras que es necesario que los eventos positivos permanezcan de manera activa en la mente durante algunos segundos antes de ser archivados. 

 

Así, los recuerdos y emociones que desatan las malas experiencias tienen un eco mucho mayor que el de las experiencias buenas, y suelen regresar a la memoria con mayor facilidad. 

 

¿A qué se debe esa preferencia de la mente por lo negativo?

Como muchas otras cosas, se trata de una cuestión de supervivencia evolutiva. Se le llama sesgo de negatividad y es un fenómeno psicológico por el cual las personas prestan más atención y dan más peso a las experiencias negativas que a las positivas. 

 

El hecho de que los malos sucesos tengan más poder que los buenos es algo adaptativo, pues responder al mundo de esta manera promueve la supervivencia. De acuerdo con las teorías de la evolución, los organismos mejor afinados para responder a las amenazas son los que más han sobrevivido, y de eso es de lo que se trata: de sobrevivir.

 

En el caso de los seres humanos, una persona que ignora una oportunidad puede lamentarlo pero en realidad no ocurre nada terrible, pues puede encontrar otras oportunidades. En cambio, quien ignora el peligro una sola vez puede acabar en muy malas condiciones, o incluso perder la vida.

 

Lo que hace este mecanismo de la negatividad es evitar que se cometan los mismos errores, al tener muy presente la experiencia negativa y las emociones que ha generado en el pasado. 

 

De esta manera, la supervivencia requiere una atención especial y prioritaria a los sucesos malos, mientras que ocuparse de los buenos es menos urgente, ya que no ponen en riesgo la integridad ni la vida.

 

Puedes superar la negatividad, aunque tu cerebro la guarde

Más allá de los procesos cerebrales que buscan asegurar tu superviviencia, tú puedes hacer que tus experiencias positivas tengan un peso mayor en tu día a día. Para esto, puedes enfocarte más en ellas, compartirlas con tus seres queridos y atesorarlas en recuerdos.

 

La próxima vez que te reúnas con tus amigos, evita hablar de tus penas y trata de enfocarte en todas aquellas cosas que te han hecho feliz. Procuren juntarse no para llorar y compartir dolores pasados, sino para crear juntos nuevas experiencias de alegría y felicidad.

 

En lugar de dedicar horas y horas a pensar por qué te pasa lo malo que acontece en tu vida, puedes aprender a obtener algo positivo de esas adversidades. 

 

Cada una de esas malas experiencias puede esconder una lección valiosa o ser un aprendizaje que te haga ser más humano, más empático y a la vez más fuerte, al incrementar tu capacidad de resiliencia. 

 

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