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Pensar demasiado en el futuro podría ser una gran fuente de estrés

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Sin duda, una de las situaciones que más estrés e intranquilidad puede ocasionarnos es pensar constantemente en el futuro lejano, es decir, en aquellos posibles planes que todavía están lejos de suceder y que en el camino podrían encontrarse con muchas circunstancias que los modifiquen y les cambien el rumbo.

 

Pensar en todo lo que se tiene pendiente, en todo lo que vendrá o todo lo que va a suceder es mucho más pesado que ir resolviendo el presente, y eso puede convertirse en un problema por no dejarnos concentrar en el momento de ahora y sus experiencias. Casi siempre la justificación es la de ser previsores, pero esa previsión o “precaución” nos resta energías y además, añade preocupaciones para un futuro que todavía no nos consta. Es cierto que siempre habrá algo pendiente, algo para lo que se debe estar preparado, un problema para resolver, pero también es cierto que no podemos adelantarnos demasiado.

 

Vivir visualizando el futuro es una forma de mantenerse siempre alerta, con la guardia alta, como si se esperara un contratiempo en cualquier instante, y eso sin duda nos desgasta como pocas cosas, nos hace olvidar lo importante que sucede alrededor y nos acostumbra a un estado de tensión permanente. La verdad es que casi siempre, más de la mitad de las cosas que pensamos que sucederán, no lo harán. El mundo es cambiante e impredecible.

 

Lo más conveniente es pensar en el día a día, momento por momento, y permitirnos vivirlo. Resolver una cosa a la vez sin proyectar las preocupaciones a sucesos que todavía son lejanos. Identificar el punto exacto entre la previsión conveniente y las preocupaciones gratuitas puede ser complejo, pero es importante relajarse optando por cambiar de pensamiento cuando nos sorprendamos cavilando sobre lo que haremos los próximos 3 o 5 años, por ejemplo. El cansancio de luchar siempre contra la indeterminación es enorme.

 

La clave es ir paso a paso. No perder de vista la fortuna que nos rodea y que las preocupaciones nos harían pasar de largo. Es fácil que la fuente de nuestro estrés sea adelantarnos demasiado como si quisiéramos abarcar más, en una necesidad ansiosa de que nada nos falle, sin darnos cuenta de que es justo ese momento de tensión cuando estamos fallando, al descuidar otras necesidades mucho más inmediatas.


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