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Una dieta baja en carbohidratos ayudaría a los pacientes con epilepsia

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  • La dieta cetogénica como opción para el tratamiento de epilepsia

De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la epilepsia afecta a cerca de 50 millones de personas en todo el mundo. En México, alrededor de 2 millones de personas la padecen, y de ellos, 74% son menores de 15 años.  

 

La epilepsia es una enfermedad cerebral que se caracteriza por el aumento de la actividad eléctrica de las neuronas en alguna zona del cerebro y se presenta con una serie de convulsiones o movimientos corporales incontrolados de forma repetitiva, llamados crisis epilépticas.

 

Éstas pueden tener diferentes formas clínicas: desde episodios muy breves de ausencia o de contracciones musculares con pérdida de conciencia momentánea, hasta sucesos breves de movimientos involuntarios que pueden afectar una parte del cuerpo o su totalidad y que generalmente involucran la pérdida de la conciencia.

 

El 70% de las personas diagnosticadas con epilepsia pueden tratarse exitosamente con medicamentos, pero el 30% restante no suele responder a ningún tratamiento farmacológico. Estos casos se identifican como epilepsia refractaria o epilepsia farmacorresistente.

 

Investigaciones recientes mencionan entre las alternativas para pacientes con epilepsia refractaria una dieta cetogénica, que consiste en una alimentación muy alta en grasas, baja en carbohidratos y normal en proteínas, la cual debe estar cuidadosamente controlada y vigilada por un especialista.

 

Dicho régimen alimenticio se considera una de las opciones terapéuticas para este tipo de pacientes, ya que puede disminuir las convulsiones en más de un 50% e inclusive, en algunas ocasiones, eliminarlas por completo, además de que mejora la calidad de vida de los pacientes y su familia, y maximiza el neurodesarrollo.

 

Aunque no se sabe exactamente el mecanismo que produce la disminución de las crisis epilépticas, en la práctica se ha comprobado que funciona en muchos casos y los pacientes muestran una respuesta positiva ante el cambio de alimentación, con una notable disminución de las crisis epilépticas. 

 

Los alimentos aportan hidratos de carbono, grasas y proteínas, que son los principales “combustibles” del organismo. En una alimentación típica del mundo occidental, el aporte de los tres nutrientes suele ser de alrededor de 5% a 15% de proteínas, 10% a 20% de grasas y 65% a 85% de carbohidratos. 

 

En la dieta cetogénica, la proporción de las grasas se incrementa de manera significativa y la de carbohidratos disminuye en forma exponencial. Esto imita el estado de ayuno y, al metabolizar las grasas, se produce acidosis y cuerpos cetónicos, que al parecer jugarían un rol en la mejoría de algunos pacientes; sin embargo, todavía no hay ninguna hipótesis comprobada.

 

En general, la epilepsia es un padecimiento que afecta de manera profunda a quien la padece y su entorno, pero en la epilepsia refractaria, la resistencia a fármacos complica aún más el tratamiento. 

 

En cualquiera de los casos, el reto es sensibilizar a la población sobre la enfermedad y sus variantes. La discriminación y la estigmatización prevalecen todavía, pero las personas con epilepsia no deben ser objeto de prejuicios.

 

Con información de Nutricia


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