Lo que mueve la evolución física es el sexo; la espiritual el amor

Harmonía / 2017-12-21

Desde una perspectiva biológica, no hay duda que lo que mueve al ser humano a seguir existiendo es el instinto sexual. La urgencia que tiene el ser humano de reproducirse lo lleva a hacer todo tipo de cosas que a veces no relaciona con el sexo, para justamente tener sexo y reproducirse, como puede ser volverse más grande y fuerte, tener dinero o construir estructuras que den seguridad. Todo esto interviene en el proceso de selección sexual. El sexo es para la naturaleza humana el gran motor. Los biólogos evolucionistas nos dirían que el hombre puede creer que está bajo su propio control, qué él decide y puede enorgullecerse de sus obras, de construir una catedral, de encontrar una teoría sobre el origen del universo y más, pero en el fondo lo único que hace es responder al mandato de los genes que buscan perpetuarse.

 

Ahora bien, el ser humano, ese animal metafísico, como ha sido llamado, se distingue de los otros animales en tanto que reflexiona sobre su propia naturaleza y pretende trascenderla. El ser humano busca ser algo más que un saco de huesos y carne controlado por genes inertes. Busca encontrar sentido y posiblemente superar la muerte. ¿Qué es lo que supera la muerte? Para la ciencia son solamente los genes, y acaso en un futuro se podrán subir nuestras conciencias a algún tipo de soporte o hardware. Habrá que ver. Existe, sin embargo, la visión religiosa de que hay algo que es capaz de superar la muerte. Esto es el ser humano que ha logrado en la vida la evolución de su conciencia o espíritu a través de la sabiduría. Fundamentalmente lo que enseñan las religiones es que es el amor lo que marca en definitiva esta evolución espiritual. Es el amor la verdadera sabiduría que libera. Como dice San Juan de la Cruz, en el ocaso de la vida seremos juzgados en el amor. Lo cual es lo mismo que decir que sólo el amor o los actos amorosos perduran.

 

El amor, o compasión, en el budismo tibetano es llamado thugs-rje, una palabra que significa tanto compasión como energía o resonancia. Esto nos da la idea de que el amor más que una emoción es una energía que vibra en armonía con la creatividad misma del cosmos. En cierta forma el estado de amor es el estado natural de la vida en el universo y, como tal, es la fuerza -Eros- que va más allá de la muerte. Como si se tratara de un equilibrio perfecto, de una negentropía, que supera el caos.

 

Para el misticismo el amor significa un vaciamiento, un abandonarse a sí mismo para entregarse al otro, a un gran Otro, y servirlo, anteponiendo la felicidad del amado -o del universo mismo, ya que el amor verdadero, como explica Platón, no es dirigido a alguien sino a lo universal. El amor entonces es pardójicamente una muerte, la muerte de todo lo que es percedero, de todo lo que no es real o absoluto, de todo lo que es temporal, de todo lo que no es la eternidad. 

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