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¿Cuándo es necesario visitar al urólogo?

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Visitar al urólogo es una situación que se torna incómoda y complicada para algunos hombres, ya que suele haber prejuicios en torno al cuidado de su salud sexual y reproductiva, además de que no hay tanta información para ellos como la hay para las mujeres respecto a sus visitas al ginecólogo. 

 

El primer control urológico debe llevarlo a cabo el pediatra al recién nacido, para verificar que los testículos están ubicados dentro del escroto y que el aparato urinario funciona bien. Después, lo ideal es que se realicen algunas revisiones periódicas en la niñez y adolescencia.

 

El objetivo de las visitas al urólogo desde pequeños es prevenir la aparición de la fimosis o criptorquidia (uno de los testículos no desciende), que debe ser operada tempranamente para prevenir el cáncer testicular e inconvenientes de fertilidad.

Además, es importante que los adolescentes que acuden acompañados por sus padres tengan un momento de privacidad con el especialista para tener una mayor confianza y evitar futuras patologías de esta índole, así como para recibir asesoría en lo que a salud sexual y reproductiva se refiere.

 

Aunque lo recomendable es realizar revisiones anuales a partir de los 50 años, es importante ir a consulta cuando se sospecha alguna irregularidad, al existir molestias y desde los 40 años si se tienen familiares directos que padecen cáncer prostático.

 

Adicionalmente, a cualquier edad, es importante poner atención a los siguientes síntomas y acudir al médico si se presentan:

  • Presencia de sangre en la orina.
  • Infecciones urinarias con fiebre.
  • Nódulos duros en los testículos.
  • Pérdida involuntaria de la orina.
  • Anomalías urinarias como dolor, micción débil, o ganas de ir al baño muchas veces.
  • Dolor en el área suprapúbica.
  • Dolor lumbar que se prolonga hasta la ingle.
  • En adultos, problemas de eyaculación precoz, disfunción eréctil y sospecha de infertilidad. 

 

Durante la consulta con el urólogo se le hacen al paciente algunas preguntas, según su edad, acerca de su estilo de vida (dieta, tabaquismo, consumo de alcohol, nivel de estrés, actividad física), el tipo de micciones que presenta y su frecuencia, así como si existen problemas sexuales.

Posteriormente, el especialista suele realizar una revisión física en la que toca el abdomen, observa los genitales y realiza un tacto rectal. Adicionalmente, suele solicitar pruebas de laboratorio para comprobar los niveles hormonales, de colesterol, glucosa y otros.

 

Según los síntomas o el historial clínico del paciente, también se suele hacer una ecografía de la vejiga y se mide el tamaño prostático, que también se ha evaluado en el tacto rectal.

 

Adicionalmente se puede realizar una flujometría, prueba que consiste en orinar en un embudo (flujómetro) para medir los mililitros por segundo que realmente salen de la micción y así inferir si hay alguna anomalía que cause obstrucción.


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