¿Te molesta escuchar a la gente masticar? Tienes misofonía

Harmonía / 2017-06-02

Es cierto que algunos sonidos son bastante desagradables (por ejemplo, un gis rechinando en un pizarrón, unas uñas raspando una superficie rugosa, el agudo y penetrante sonido de una sirena de ambulancia…), pero ciertas personas tienen reacciones extremas ante algunos sonidos cotidianos. A este desagrado irracional se le conoce como misofonía.

 

El término proviene del griego miso, que significa odio, y fonia, que quiere decir sonido. En ese sentido, refiere a un rechazo fuerte, irritabilidad e incluso pánico provocados como consecuencia de ciertos sonidos como el goteo de un grifo, golpecitos repetitivos como el de un bolígrafo que se presiona con nerviosismo o alguien mascando chicle. Éstos, si bien no son placenteros, tampoco son motivo de causa de una intolerancia extrema.

 

En realidad, la misofonía no es simplemente una manía o un desagrado común. Es un trastorno neurológico que provoca que el sistema nervioso central malinterprete los estímulos auditivos. No obstante, más allá de esta definición, se sabe muy poco sobre sus causas. Lo que sí se ha notado es que aparece normalmente al inicio de la adolescencia, quizá porque algunas experiencias de la niñez provocaron que se relacionaran ciertos sonidos con experiencias negativas. Aunado a ello, no suele empezar con intolerancia a cualquier sonido, sino a alguno en específico. Luego, conforme el trastorno avanza y no se trabaja, la reacción se presenta con más y más sonidos.

 

Síntomas de la misofonía

En caso de presentar estos síntomas al escuchar algunos sonidos, visita a tu médico:

  • Aumento de la frecuencia cardíaca
  • Sudor frío
  • Irritabilidad
  • Ansiedad
  • Ataques de pánico
  • Imitación con mímica del sonido molesto
  • Otros no parecen notar o compartir la misma sensación

 

Algunos de los sonidos que más comúnmente afectan a las personas con misofonía son:

Sonidos con la boca. Escuchar a la gente masticar algo crujiente, mascar chicle, sorber, rechinar los dientes, bostezar, susurrar, toser, hablar con voz muy grave, silbar al pronunciar.

 

Sonidos con la nariz. El sonido de las contracciones de respiración causadas por hipo, alguien sonándose, el ruido que produce una persona con la nariz congestionada intentando respirar.

 

Sonidos ambientales. El tecleo en una computadora o el clic de un ratón, el crujir de las bolsas de plástico del supermercado, el tictac de un reloj, el zumbido de la electricidad, el ruido de la aspiradora, el llanto de un bebé, los gritos de niños.

 

Cabe decir que este trastorno no es la única afección relacionada con reaccionar ante ciertos sonidos. Está, por ejemplo, la hiperacusia, la cual consiste en percibir ciertos sonidos de manera tan anormalmente alta que puede llegar a sentirse dolor físico al escucharlos. También existe la fonofobia, que es el miedo a oír ciertos sonidos que pueden o no ser fuertes pero que desencadenan emociones negativas en quienes la padecen. Se cree que esto es un caso extremo de misofonía.

 

En realidad no hay tratamiento o cura para la misofonía, así que, de padecerla, la única alternativa es realizar algunos tipos de terapia que permiten aprender a desarrollar mayor tolerancia a los sonidos. En casos sin tratamiento, la misofonía puede llevar al aislamiento y a conflictos en el entorno familiar, por lo que es importante generar conciencia en torno a que este es un trastorno real que puede hacer sufrir mucho a quien lo padece. 

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