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Conoce los principales tipos de discriminación y aprende a evitarlos

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¿Qué vas a aprender con esta nota?

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  • Qué es la discriminación y cómo afecta a las personas

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  • Los principales tipos de discriminación y sus consecuencias

De acuerdo con el diccionario, discriminar se define como el acto de hacer una distinción entre seres humanos o grupos sociales, ya sea por acción u omisión, con sentido despectivo, exclusivo o negativo, lo que conlleva la desigualdad de oportunidades. Es un acto de abuso e injusticia que viola el derecho de igualdad.

 

El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) la define como una práctica que consiste en dar un trato desfavorable a una persona o grupo de personas debido a sus características físicas o su forma de vida. 

 

En este sentido, características como el origen étnico o nacional, el sexo, la edad, la discapacidad, la condición social o económica, la condición de salud, el embarazo, la lengua, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil y otras diferencias pueden ser motivo de distinción, exclusión o restricción de derechos cuando se discrimina.

 

La discriminación tiene un efecto adverso en la vida de las personas, pues ocasiona la pérdida de derechos y la desigualdad para acceder a ellos, lo cual puede orillar al aislamiento, a vivir violencia e incluso, en casos extremos, a perder la vida.

 

Existen muchos tipos de discriminación, y aunque algunos puedan parecer similares, tienen sus diferencias. Entre los más comunes están el racismo, la xenofobia, la homofobia y el machismo.

Racismo

Considera a algunos grupos humanos inferiores a otros por su origen étnico. El caso más común es el racismo contra la raza negra, pero también se extiende hacia otras como la indígena y la asiática.

 

Xenofobia

Se trata de la discriminación que surge por la nacionalidad o el origen étnico y consiste en el rechazo u hostilidad hacia el extranjero por el simple hecho de serlo, más allá de la raza o el color de piel.

 

Esta hostilidad suele ocasionar juicios de valor generalizados en contra de las personas que comparten una nacionalidad o etnia, como cuando se hacen chistes de que todos los gallegos son tontos, o cuando se tiene la creencia de que todos los colombianos son narcotraficantes. Esto también se aplica a grupos étnicos, comunidades autóctonas y/o pueblos originarios.

 

Homofobia

La homofobia se refiere a la aversión hacia los homosexuales, tanto hombres como mujeres, pero ahora también incluye a otros grupos con preferencias sexuales y orientaciones de género diversas, como transexuales, bisexuales, transgéneros, travestis, intersexuales, y en general a cualquier práctica que sea distinta a la heterosexual.

Machismo y misoginia 

Consiste en la discriminación por género, en la que a las mujeres se les considera débiles e inferiores por el simple hecho de pertenecer al sexo femenino. Esta hostilidad se origina principalmente por la cultura patriarcal y machista de la mayoría de las sociedades occidentales, que durante siglos han colocado a la mujer por debajo del hombre.

 

Debido a este tipo de discriminación, las mujeres tienen menos oportunidades y en muchos casos, menos derechos que los hombres. Por ejemplo, en el ámbito laboral se les dificulta más conseguir empleos, sobre todo en cargos medios y altos, mientras que la brecha salarial existente entre ambos géneros suele ser muy notoria.

 

Por otro lado, en las sociedades occidentales actuales los mayores de 50 años, y en algunos casos desde los 40, son considerados viejos y merman sus oportunidades de conseguir un empleo. La tendencia actual es contratar a personas jóvenes que acepten sueldos bajos y puedan ser “moldeadas” de acuerdo con los intereses de las empresas.

 

Discriminación por apariencia física

Las personas que no cumplen con el estándar estereotipado de belleza de ser delgados, altos y de piel clara, suelen ser rechazadas. En este tipo de discriminación se suele rechazar a quienes tienen obesidad o sobrepeso, a quienes son albinos o tienen alguna condición en la piel como el vitiligo, a las personas con marcas o cicatrices, tatuajes o perforaciones en la piel, etcétera. 

 

Discriminación por discapacidad o enfermedad

Ya sea por desinformación y desconocimiento, o por simple desconfianza, las personas que padecen VIH suelen ser rechazadas y señaladas. Además, quienes tienen otro tipo de enfermedades como síndrome de Down, autismo, síndrome de Asperger, parálisis cerebral o discapacidades físicas, suelen ser marginados.

 

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, uno de los grupos que mayor discriminación sufre es el de los discapacitados. Incluso se considera que ellos son principalmente limitados por la sociedad y no por sus cuerpos. Por ejemplo, el hecho de que la mayoría de las calles y banquetas no sean fácilmente transitables por quienes van en silla de ruedas, es una forma de discriminación hacia los discapacitados.

Discriminación religiosa

A lo largo de la historia, algunas de las más sangrientas batallas se han librado en nombre de algún dios. Aunque en la actualidad ya no hay guerras religiosas por doquier, este se mantiene como un aspecto que da origen a la discriminación, pues las personas pueden ser rechazadas e, incluso, estigmatizadas por sus creencias religiosas y las costumbres que de ellas derivan.

 

Discriminación ideológica

Tiene que ver con el rechazo hacia personas o grupos de personas por el simple hecho de pensar diferente, de tener posturas políticas o convicciones filosóficas distintas o adversas a las del otro.

 

Discriminación económica

Hace una distinción entre las personas por la cantidad de dinero o bienes que posean, lo cual deriva en una discriminación por clase social.

 

¿Cómo evitar la discriminación?

Las mejores armas para luchar contra la discriminación son el respeto, la empatía y la tolerancia. Asimismo, es muy importante reconocer y aceptar que cada persona es diferente, tanto en su origen como en su apariencia, ideología, sexualidad, capacidades físicas y cognitivas, nivel educativo y socioeconómico, así como en su forma de vida y de pensamiento.

 

Es necesario reconocer esas diferencias, respetarlas y nunca juzgarlas, sino comprenderlas y aceptarlas, además de saber que toda persona, sea como sea, vale lo mismo que cualquier otra. Para ello, se debe poner en práctica la empatía: ponerte en lugar del otro para entender por qué es como es y por qué actúa de la forma en que lo hace, siempre sin crear juicios y, en cambio, mediante la comprensión.

 

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