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La dieta mediterránea puede mejorar tu salud ocular

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  • Los beneficios de esta dieta para tu salud

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  • Cómo alimentarte de forma equilibrada

Fue nombrada por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad y es una de las formas de alimentación más saludables. La dieta mediterránea se basa en comer menos carne y más pescado, vegetales, frutas, legumbres, frutos secos y aceite de oliva.

 

Muchos estudios la han relacionado con una vida más larga y menos padecimientos cardiacos. Sin embargo, sólo algunas investigaciones han evaluado su impacto en la degeneración macular relacionada con la edad (AMD, por sus siglas en inglés). Se ha encontrado que este tipo de alimentación puede ayudar con algunos tipos de AMD y sólo en ciertas etapas de la enfermedad.

 

Si se combinan dichas investigaciones con estudios más recientes, emerge una imagen muy clara. La dieta mediterránea tiene el potencial de prevenir la ceguera. La degeneración macular resulta en la pérdida de visión central, que es crucial para las actividades cotidianas más simples. Por ejemplo, ver caras, manejar, leer y escribir.

 

Otras conclusiones de un estudio conducido por la Asociación Americana de Oftalmología apuntan a que los componentes de la dieta mediterránea por separado no reducen el riesgo de sufrir de este padecimiento, sino que son todos ellos en conjunto lo que contribuye a reducir el riesgo de tener degeneración macular relacionada con la edad.

 

Decálogo para adoptar esta alimentación según la Fundación Dieta Mediterránea:

 

  • Utiliza aceite de oliva como principal grasa de adición. Es rico en vitamina E, betacarotenos y ácidos grasos monoinsaturados.

 

  • Consume alimentos de origen vegetal en abundancia: frutas, verduras, legumbres y frutos secos.

 

  • Incluye pan, pasta, cereales y arroz (integrales) en tu alimentación diaria. Los carbohidratos aportan energía para tu día a día.

 

  • Elige alimentos frescos y de temporada (poco procesados). Consumirlos en su mejor momento significa aprovechar al máximo sus nutrientes.

 

  • Come productos lácteos todos los días. Son fuente de proteínas y minerales como fósforo y calcio. Los productos fermentados, como el yogurt, equilibran la flora intestinal.

 

  • Consume carne roja (magra) con moderación. Puede ser parte de un guiso, pero es importante no excederse.

 

  • Consume pescado en abundancia y huevos con moderación. El pescado azul tiene grasas muy parecidas a las de origen vegetal y protege de enfermedades cardiovasculares. Los huevos contienen proteínas, minerales, vitaminas y grasas (con tres a la semana basta).

 

  • Fruta fresca como postre. Sustituye los dulces y pasteles por una fruta al final de cada comida, como snack de media mañana o como merienda.

 

  • El agua es la bebida estrella. Esta dieta suele acompañarse de agua y un poco de vino (con moderación) durante las comidas.

 

  • Haz ejercicio todos los días. La actividad física es tan importante como llevar una alimentación equilibrada.

 

Con información de Science Daily


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