¿Debes 'obligar' a tus hijos a ser amables y sociables?

Harmonía / 2018-07-06

Si tienes hijos pequeños de entre 3 y 7 años, seguro te ha pasado que quisieras que fueran amables y saludaran de buena gana a todo mundo, e incluso es probable que los hayas “obligado” con la clásica (y muy molesta) pregunta “¿Ya saludaste a Fulanito o Sutanito?”. Pues bien, resulta que quizá no es buena idea que hagas esto.

 

Según la doctora Heidi Kasevich, Directora de Educación de la organización Quiet Revolution, un error común de los padres (y de las personas en general) es confundir los rasgos de la personalidad con problemas de comportamiento. Ella afirma que hay una gran diferencia entre ser tímido o ser introvertido: la timidez en los niños es ansiedad y miedo al juicio social y puede corregirse mediante ejercicios y terapias, pero la introversión es casi una programación genética que define la personalidad del niño (y posteriormente, del adulto en el que se convertirá) y no debe pensarse como un problema ni como una discapacidad.

 

 

Es fácil confundir la timidez con la introversión, lo que puede complicar las cosas y en ocasiones incluso desencadenar reacciones dañinas. Kasevich dice que los padres no deben reaccionar a las conductas de evitación social hasta que estén seguros de haber encontrado un problema específico. Para esto, los padres pueden comenzar a sensibilizarse y observar detenidamente el comportamiento de su hija o hijo para definir si su “timidez” viene y va o es un estado más permanente, lo que denotaría una posible introversión natural.


Kasevich también comenta que cuando los padres asedian a los hijos pequeños con preguntas sobre su comportamiento evasivo, pueden desencadenar problemas de socialización. Una alternativa a esto es hacer comentarios positivos respecto a la personalidad de los niños; por ejemplo, en vez de decir “Eres muy tímido” puedes decir “Eres un gran oyente”. Estos comentarios afirman la confianza y seguridad de los pequeños, porque se reconoce una virtud de su personalidad.

 

Los padres pueden ayudar a aliviar la ansiedad social con un poco de comprensión. Todo está en saber escuchar y no presionar.

 

¿Te ha ocurrido una situación similar?

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