8 cosas que nadie te dice de ser papá-mamá

Lorena Pontones / 2018-01-11

1. Salir de casa es una odisea

Lo que antes te tomaba 25 minutos para estar listo y salir, ahora se convierte en una operación casi militar de hora y media: cambiar al bebé, preparar la pañalera, darle leche o de comer, volver a cambiarlo porque regresó leche, y un largo etcétera.

 

2. Despídete de tu música

Tu playlist cambia radicalmente y está ordenada de acuerdo con el momento del bebé: música para bañarlo, para arrullarlo, para el coche, para entretenerlo, para relajarlo, para cantarle.

 

3. ¿Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar?

Con un hijo querrás tenerlo todo a la mano, así que si el librero es el lugar más cercano a su bañera, ahí tendrás los pañales y la crema. Quieres algunos juguetes a la vista y a la altura del niño, ocuparás parte del pasillo. No pasa nada.

 

4. Las resacas y las desveladas se vuelven abismalmente peores

Pagarás muy caro regresar a casa después de las 2am y con unas copas encima. Tu bebé despertará, como siempre, entre 6 y 7am demandando toda tu atención, y tú querrás estar al otro lado del mundo.

 

5. Tu casa parece más chica de lo que es

Peluches por aquí, la mecedora por allá. La sillita para comer que ocupa dos espacios. El cambiador y el corral. Cobijitas apiladas, más ropa y un sinfín de juguetes. ¡Una casa más grande, por favor!

 

6. Debes dejar ir la perfección

Te encantaría que tu hijo siempre saludara, sonriera, fuera simpático y educado. Pero no puedes controlar su estado de ánimo (ni tendrías por qué hacerlo). Haces lo mejor que puedes y cualquier otro papá entenderá por lo que pasas. No te preocupes.

 

7. Tu celular se queda sin memoria

Una nueva gracia, la carita de ternura, la primera papilla, te sonrió… nombra lo que quieras; para todo hay que tener la foto del recuerdo. Definitivamente, opta por un celular con una amplia –amplísima– capacidad de almacenamiento.

 

8. Lo que antes te parecía asqueroso deja de serlo

Cualquier fluido que antes te daba náusea se convierte en el pan de cada día. Mocos, saliva, vómito… Tus manos se curten y tu estómago se fortalece.

 

¿Qué mas te gustaría añadir a la lista?

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