Por qué la calma energética es la clave para el buen sexo

Pijamasurf / 2016-10-26

Cuando escuchamos la frase "calma energética" podemos pensar que se trata de una contradicción, pero esto es el resultado de que saltamos a una conclusión, algo quizás común a una cultura que, como sugirió Pascal hace casi cuatro siglos, no sabe estarse quieta. Pensamos que la quietud, la calma y la tranquilidad están ligados a la pasividad y a la debilidad; a los hombres occidentales, al menos, se les enseña que deben de ser efusivos y mostrar explícitamente su fuerza. En realidad, la verdadera calma es siempre energética, ya que es un estado en el que la energía no se desperdicia y en el que existe el potencial más alto de energía (al no desperdiciar energía y al estar en dominio de las facultades). Asimismo, estando en calma, el juicio, la inteligencia y la percepción se encuentran libres y claras, sin obstáculos. 

 

El Tao Te Ching es especialmente fértil en celebrar las virtudes de la calma y la quietud. Se dice: "Regresar a la fuente es la calma, que es el sendero de la naturaleza". Regresar a la fuente, beber de ella, es justo lo que queremos cuando buscamos tener energía. En el texto capital del taoísmo se sugiere constantemente una identidad entre la calma (o la quietud) y la vacuidad; siendo la vacuidad el infinito potencial, el surtidor pero también el objetivo que persiguen los sabios. Y en la alquimia taoísta, la esencia vital (jing) atraviesa un proceso de transformación, a través de respiración, la quietud y diferentes prácticas (como las que se encuentran en el qi-gong o en el yoga), hasta regresar al vacío (de paso transformándose en energía y espíritu).

 

Este concepto de calma energética, o de quietud dentro del movimiento, es también común a diferentes enseñanzas del tantra budista. En ciertos aspectos se utiliza dentro de la meditación, donde se habla de que la mente debe de permanecer en calma mientras los pensamientos surgen y desparecen (los pensamientos que son manifestación de la energía). Pero esta misma noción se aplica también al sexo tántrico en el que se busca utilizar la energía para llevar al practicante a estados de conciencia o sabiduría más elevado.  

 

Kennard Lipman en su introducción a su traducción del texto Khandro Nyingthig, donde el gran patriarca del budismo tibetano Padmasambhava revela consejos de sexualidad tántrica, señala que el acto sexual representa siempre una “oportunidad para la iluminación”  y es epítome de:

 

la oscilación natural de la energía humana entre el cielo y la tierra, del ascenso y el descenso, entre la base de la columna y la corona. Esta oscilación bioenergética es básica para toda la vida, para todas nuestras experiencias, ya sean perceptuales, emocionales o intelectuales… Estos textos enseñan que la clave para la felicidad relativa y última es una forma de tensión relajada, algo que un psicólogo moderno ha llamado ‘energía calmada’… Si hay demasiada tensión, la energía que produce la polaridad se rompe prematuramente. Si no hay suficiente, la energía no se puede desarrollar. En la sexualidad hay una danza de separación y unión, fuego y agua.

 

Tenemos aquí el concepto clave de establecer cierta tensión que hace que se genere y fluya la energía (algo que se utiliza mucho en el yoga con los llamados bandhas o candados corporales) el cual tiene que ir acompañado de una profunda relajación. De hecho la misma energía al fluir por el cuerpo permite mantener la relajación y la calma; es sólo cuando la mente entra en un estado de agitación y dirige su atención de manera obsesiva a ciertos pensamientos o a cierta zona del cuerpo haciendo demasiada presión que la energía se bloquea y se genera ansiedad y estrés. Es la energía, en suma, la que permite realizar ciertas posiciones de yoga, qi-gong (o demás ejericioes) o ciertas posiciones sexuales, sin que se pierda la calma y el control de de los vientos y los fluidos. Es la energía también la que es el soporte del más profundo éxtasis ("la energía es delicia eterna", escribió William Blake) y, a la vez, en una relación de retroalimentación, es la calma la que permite que la energía no se bloquee y logre expandirse, llevando consigo el elixir del placer. 

 

La escritora Anais Nin acertó cuando dijo "la ansiedad es la asesina del amor".  Esto es cierto en un sentido fisiológico dentro del acto sexual. La ansiedad hace que un hombre no pueda tener erecciones, ya que un exceso de pensamiento anega ciertos canales y tensa demasiado su cuerpo, lo cual no permite el correcto flujo sanguíneo; o,en algunos casos también, al transformase en sobreexcitación, es responsable de la eyaculación precoz, ya que al no poder relajarse, la energía no logra distribuirse y volver a subir: se concentra toda en la zona genital. En el caso de la mujer, la ansiedad impide la relajación necesaria para que se llegue al orgasmo. Por otro lado cuando la calma pierde su energía se convierte en lasitud y en sensaciones en general poco intensas. En un sentido emocional, la ansiedad hace que se produzcan exabruptos de energía emotiva que suelen drenar al individuo o producir enfrentamientos y conflictos que poco sirven para crear las condiciones idóneas para el amor y para una conexión profunda.

 

¿Cómo se cultiva la calma energética? La clave parece estar en el control de la respiración y en la práctica de ejercicios de meditacón y ejercicios físicos (asanas) que vayan cimentando la relajación en estados donde en otros momentos quizás podría haber ansiedad o lasitud. De hecho, la posición clásica de meditación con la espalda recta es un ejemplo de una postura diseñada para satisfacer ambos aspectos explorados aquí: relajación de todos los músculos, a la vez que se mantiene la espalda recta para que pueda fluir la energía. Incluso se puede hacer esto para mejores resultados --en el sentido de la "calma energética"-- meditando con los ojos abiertos, siguiendo justamente la postura de Padmasambhava, quien mantenía los ojos abiertos en un estado de perpetua alerta no-conceptual, en el estado de rigpa

 

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