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Química del amor: pastillas para volver a enamorarse

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En la era de la neurociencia, donde frecuentemente vemos noticias que sugieren que el amor es un producto neuroquímico, que existen ciertas zonas neurales que se activan en el enamoramiento, y en la cual se desarrollan fármacos y tecnología para emular casi cualquier estado al que puede acceder el ser humano, no es sorprendente que los científicos pronostiquen que el amor podrá ser próximamente encapsulado, recetado y servido a la carta.

 

Una de las personas que ha especulado en este sentido es Brian Earp, investigador de la Universidad de Oxford. Especialista en neuroética, Earp mantiene que nuestras expectativas culturales del amor están fuera de sincronía con la realidad de cómo vivimos el amor. Por una parte creemos y apostamos en el amor de pareja, en los matrimonios, como lo más importante y feliz de nuestra existencia, y por otro lado algunos países ya se empiezan a acercar a cifras de casi 50% de divorcios. Así que Earp se plantea si esta condición, la separación de una pareja, puede tratarse químicamente, un poco como tratamos también la depresión o la ansiedad.

 

Muchas personas han experimentado con la hormona oxitocina, llamada también "la hormona del amor", una sustancia que se produce especialmente en el sexo y durante el embarazo y el parto. Específicamente, se trata de una sustancia que produce vinculación emocional. Actualmente se pueden adquirir sprays nasales de oxitocina en línea y se asiste a fiestas de oxitocina para encontrar pareja; sin embargo, Earp cree que esto no funciona del todo bien. En teoría la oxitocina debe de crear lazos de intimidad, pero en la práctica la forma en la que la sustancia es asimilada en el cuerpo no es del todo efectiva. Así que ahora ha girado su atención al MDMA, la sustancia mejor conocida como éxtasis, que originalmente había sido también llamada "empatía". De hecho, esta popular droga en los 80 fue usada para terapia de parejas por consejeros, con resultados promisorios. El MDMA recientemente ha sido estudiado, incluso con aprobación del gobierno de Estados Unidos, para tratar el estrés postraumático.  

 

El tema aquí es que muchas personas toman esta sustancia y se enamoran con base al high de serotonina que produce el MDMA, y entonces se vuelven adictos o codependientes a sentir amor pero en relación con las drogas. Por otro lado, el consumo frecuente de esta sustancia tiene posibles efectos negativos en el cerebro, incluyendo disfunciones sexuales y falta de empatía, justamente en la abstinencia -así que lo que va a favor del amor, luego juega en contra de él-.

 

Earp ve el potencial del MDMA no en el proceso inicial de enamoramiento, sino como terapia para mantener una relación o incluso para lograr terminarla y pasar al siguiente capítulo, superando la depresión asociada a la pérdida. Tomar éxtasis con una pareja puede sin duda fortalecer los vínculos, ya que psicológicamente asociamos los estados de placer o dolor que vivimos individualmente con la persona con la que estamos en ese momento o que nos ha producido de manera indirecta la experiencia. Por otro lado, la capacidad de empatizar que produce la sustancia puede ayudar para resolver problemas en los cuales hay un beneficio en "ponerse en los zapatos del otro". No obstante, esto tiene el peligro de formar dependencias o de reducir el amor -con toda su impredecible magia- a una fórmula química. Así que, evidentemente, la mejor forma de tomarla sería de manera controlada dentro de un tratamiento con un experto, algo que por el momento es ilegal.


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