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Límites sanos: reconoce cuáles son tus necesidades y respétalas

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¿Qué vas a aprender con esta nota?

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  • Cómo establecer límites sanos en tu vida

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  • Los diferentes tipos de límites

Decir que sí o que no ante alguna situación puede ser complicado. Ya sea por tus creencias, experiencias de vida o cualquier otra razón, poner límites a veces es una de las tareas más difíciles. Pero para que realmente puedas tener una vida auténtica, necesitas establecer límites sanos sí o sí. 

 

Los límites son líneas invisibles que estableces con las personas, ya sea tu pareja, familiares, amigos o colegas de trabajo. Básicamente es una forma de respeto hacia tus creencias, tus ideales y tu persona. Solamente tú puedes decidir cuánta tensión y estrés es aceptable en tu vida. Los límites justamente sirven para esto. De esta manera podrás decidir cuánto estás dispuesto a soportar. 

 

Los tipos de límites 

Existen diferentes formas de establecerlos y pueden ser desde asuntos esencialmente psicológicos hasta físicos. Identifica qué tipo de límites necesitas establecer en tu vida para vivir plenamente.  

 

Límites físicos. Esto es claro y tiene que ver con tu espacio personal, tu privacidad y tu cuerpo. ¿Te gustan las muestras de afecto físicas? Puede ser que sí, pero si realmente no te agradan, entonces hazlo saber, no hay nada más incómodo que recibir un abrazo y sentirte estresado por ello. 

 

También tiene que ver con tu espacio vital. ¿Eres organizado? ¿acumulas cosas? Si vives con otra persona, hazle saber el tipo de cosas relacionadas con esto que te molestan. Trata de mantener tu hogar en un estado organizado y limpio, eso refleja mucho de tu persona y tu pensamiento. 

 

Límites mentales. Esto aplica a tus pensamientos, valores, opiniones y todo lo que pasa por tu cabeza. ¿Eres capaz de aceptar las opiniones de los demás sin reaccionar impulsivamente? ¿O eres capaz de decirle a alguien si alguna opinión te molesta? 

 

Esto hace referencia a tu capacidad para aceptar las opiniones diferentes de los demás. Si usualmente respondes de manera defensiva o impulsiva, puede ser que no tengas límites mentales fuertes y sanos. Esto no tiene que ver solamente con lo que aceptas de los otros, sino contigo mismo. 

 

Límites emocionales. Si tienes límites emocionales bien establecidos, entonces no eres el tipo de persona que tratará de solucionar los problemas de los demás. También puedes reconocer que no eres responsable ni culpable de que alguien se sienta mal. Establecer límites emocionales te permite apoyar a otros con sus problemas, sin pretender resolverles la vida y sin absorber la energía negativa que surja de sus conflictos.

 

Límites financieros. Esto tiene que ver con la forma en la que gastas y ahorras tu dinero, y también tiene que ver con el hecho de gastarlo para obtener bienes materiales o experiencias. En este sentido, es importante que administres bien tu dinero y que lo uses sabiamente en aquello que te haga bien y te dé felicidad, pero sin derrochar para que no te estreses por vivir al día. 

 

Límites morales. Hace referencia al tipo de comportamientos que soportas y los que no, así como a todo lo que tiene una relación con tus valores centrales. Por ejemplo, estableces límites morales cuando no aceptas las actitudes intolerantes de los demás, o cuando te niegas a soportar cosas como las mentiras y el engaño.  

 

Límites sexuales. Este límite tiene que ver con entender a qué estas dispuesto en temas relacionados con la sexualidad, la intimidad y el contacto físico. Es importante que establezcas estos límites con tu pareja, para que ambos sepan a qué está dispuesto el otro en la intimidad y qué cosas es mejor evitar.

 

Razones comunes por las que no tienes límites 

No te enseñaron de pequeño. Si tus necesidades no fueron cubiertas cuando eras pequeño, ya sea por tus familiares, padres o las personas que cuidaban de ti, puede ser que hayas internalizado que no eres importante y tus necesidades no son fundamentales. 

 

Quieres complacer a todo mundo. No quieres ofender a nadie, así que es más fácil que quieras hacer feliz a todos los que están a tu alrededor. Esto también puede que tenga sus raíces en tu infancia. 

 

Eras la persona que proveía o el niño con rol de padre. Si creciste y tenías que cuidar de los demás, puede ser que hayas puesto tus necesidades en pausa y puede ser que pienses que es egoísta pensar en ti. 

Técnicas para que puedas cultivar tus límites 

Establece lo que necesitas. Antes de esto, es importante que cultives el conocimiento de ti mismo para que realmente sepas qué es lo que necesitas (y lo que no) para tener estabilidad emocional. 

 

Ten confianza y siéntete bien al decir que no. Si te cuesta trabajo decir que no, puedes hacer un ejercicio frente al espejo. Practica hasta que se convierta en algo normal. Comprende que no tiene nada de malo decir “no” y acepta cuando alguien te lo diga a ti. 

 

Sé directo. Esto simplemente quiere decir que debes ser claro en tu comunicación. Así te evitarás muchos problemas y los demás podrán entenderte mucho mejor. 

 

Dile adiós al miedo y la culpa. Son dos emociones que muchas veces dictan lo que haces, el miedo a decir algo que le haga daño a los demás, o hacer algo por culpa para sentirte bien después. No dejes que estas emociones controlen tu vida y siempre siéntete seguro de lo que dices. Todo desde un lugar de respeto y empatía por los otros.

 

Hazle caso a tu intuición. Si ciertos comportamientos de alguien simplemente se sienten extraños, tal vez lo mejor que puedas hacer es confiar en ese nudo en el estómago. Reflexiona por un momento en lo que sientes y sé realista. 

 

Con información de Psychology Today


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