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El lobo gris mexicano ya no se considera extinto en vida silvestre

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  • Estado actual del lobo mexicano

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  • Logros alcanzados en su conservación

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  • Características de la especie

Una de las especies endémicas de México es el lobo gris mexicano, que hace algunos años fue declarado extinto en vida silvestre, es decir, ya ningún ejemplar existía en sus hábitats naturales sino que solamente quedaban algunos en cautiverio.

 

Esta situación acaba de modificarse, pues la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) lo cambió de categoría a especie “en peligro de extinción”, gracias a los esfuerzos de reintroducción realizados desde el año 2011 en la Reserva de la Biosfera de Janos, en Chihuahua, y su zona de influencia en Sonora.

 

Gracias a las labores realizadas en dicha reserva se ha logrado realizar 12 liberaciones de lobos grises mexicanos, de los cuales se han documentado ocho camadas en el medio natural, con el nacimiento de aproximadamente 25 cachorros en vida silvestre.

 

Recientemente se llevó a cabo la liberación de una nueva manada conformada por siete lobos grises mexicanos: los padres, que son el macho y la hembra alfa, llamados Reyénari (sol) y Machá (luna), más sus cinco cachorros (un macho y cuatro hembras), que llevan por nombre Iká (viento), Ba’wí (agua), Se’wa (flor), Kiparé (nieve) y Seporí (estrella).

 

Cada uno de los lobos que se liberaron llevan puestos collares de monitoreo, con los cuales los investigadores pueden seguirles el rastro y asegurarse de que se mantengan a salvo.

El camino del lobo hacia el borde de la extinción

Décadas atrás, el lobo gris mexicano ocupaba una región que se extendía desde el desierto de Sonora, Chihuahua y centro de México hasta el oeste de Texas, sur de Nuevo México y Arizona central.

 

Su población ocupaba una gran variedad de hábitats, desde zonas desérticas y semiáridas hasta bosques templados, de los cuales sus preferidos solían ser los lugares boscosos, debido a que tanto el agua como los sitios para refugiarse les resultaban más fáciles de encontrar. 

 

Lo malo es que justo esas zonas boscosas también cuentan con buenos pastizales para el ganado. Esta fue una de las razones que condujeron al lobo mexicano a su extinción en vida silvestre, ya que desde finales de la década de los años 70 fue víctima de la caza indiscriminada, con el fin de evitar que atacara al ganado. 

 

Así, a lo largo del siglo XX el número de lobos se redujo en México. Hacia finales de los 70 no había más de 50 ejemplares y sólo quedaban 10 en los 90. 

 

Ahora, con los esfuerzos de cría en cautiverio para su posterior liberación en sus hábitats naturales se ha logrado que esta especie deje de estar extinta en su vida silvestre; y aunque aún queda mucho por hacer para lograr sacarlo del estado de peligro de extinción, lo que se ha hecho hasta ahora significa un éxito importante.

La vida del lobo gris mexicano

Se trata de una de las subespecies de lobo más pequeñas. Su longitud es de aproximadamente 1.35 metros y su altura hasta la cruz es de unos 80 centímetros, mientras que su peso varía entre 27 y 45 kilogramos. Su pelaje es de color gris, a veces con un tinte rojizo.

 

Son animales de hábitos nocturnos y viven en manadas formadas por entre cinco y 12 ejemplares, de los cuales, los únicos que tienen crías son la pareja alfa. Sus camadas suelen ser de entre cuatro y seis cachorros que nacen durante la primavera, entre abril y mayo. Su esperanza de vida es de 8 a 13 años en estado salvaje y de 12 a 15 años en cautiverio.

 

Se alimentan principalmente de alces, ciervos, pecaríes, conejos y roedores. Desde principios del siglo XX, debido a la disminución de sus presas naturales por la cacería y la actividad ganadera, los lobos se vieron en la necesidad de atacar al ganado para sobrevivir, lo que ocasionó una ola de exterminio por parte de las autoridades estadounidenses, así como la caza desmedida de ganaderos mexicanos.

 

El comportamiento natural de los lobos mexicanos no está bien documentado, ya que cuando fueron estudiados en su hábitat natural se encontraban al borde de la extinción y los resultados no son muy certeros, pero se piensa que se comportan de manera muy similar al resto de los lobos.

 

A larga distancia se comunican con aullidos y se identifican a través de los olores, ya que su sentido del olfato es muy sensible, mientras que en la interacción cercana utilizan el lenguaje corporal, facial y algunas vocalizaciones (gruñidos, ladridos), de manera parecida a como lo hacen los perros domésticos para indicar que quieren jugar o que prefieren no ser molestados.


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