¿Qué son, para qué sirven y cómo se usan los aceites esenciales?

Sandra Nieto / 2018-06-05

Los aceites esenciales son sustancias que se extraen de diferentes tejidos vegetales, ya sea de las raíces, flores, tallos o frutos de las plantas. Se caracterizan por contener numerosos compuestos químicos naturales que los convierten en remedios útiles para tratar diferentes padecimientos físicos y malestares emocionales. 

 

Aunque suelen encontrarse en recipientes muy pequeños, de aproximadamente 10 mililitros, son sumamente potentes, ya que muchos tienen una concentración 50 a 100 veces más alta que la de la planta de la que provienen. Por eso se requiere de poca cantidad al usarlos. 

 

Según la planta de la que surge, cada aceite esencial tiene distintas propiedades. Por ejemplo, mientras algunos aceites son sedantes, como el de jazmín, otros sirven para estimular el sistema nervioso, como el de romero. Unos destacan por sus propiedades bactericidas, como el de tomillo, y otros tienen una mayor capacidad analgésica, como el de menta. 

 

En general y según su composición molecular, los aceites esenciales tienen propiedades antibióticas, antisépticas, antiinflamatorias, analgésicas, inmunoestimulantes, antivíricas, de regeneración celular, para mejorar la circulación sanguínea y linfática y, también, para equilibrar las emociones.

 

Aquí te damos algunos ejemplos de aceites esenciales y sus principales usos:

Para problemas respiratorios: eucalipto, pino o hisopo.
Para problemas digestivos: bergamota, menta o hinojo.
Relajantes: lavanda, palmarosa, ylang ylang o pasiflora.
Para mejorar la circulación sanguínea: menta, ciprés o vid roja.
Tónicos musculares: romero o harpagofito.
Desinfectantes: árbol de té, salvia, limón, tintura de equinácea o propóleo.
Para la piel grasa: limón, lavanda o ciprés.
Para combatir el insomnio: lavanda, manzanilla o mejorana.

 

¿Cómo se usan los aceites esenciales?

Las tres principales formas de aprovechar las propiedades de estos aceites son al respirarlos, al aplicarlos tópicamente en la piel y al ingerirlos.

 

Difusores y humidificadores

Si lo que quieres es disfrutar de su aroma para que el espacio en el que te encuentras huela bien y al mismo tiempo te relaje, te ayude a descongestionar las vías respiratorias o a dormir mejor, puedes usar un difusor o humidificador.

 

En estos dispositivos, el aceite se mezcla con agua y se calienta para que salga el vapor junto con las partículas volátiles del aceite. Cuando respiras, estas partículas llegan hasta el torrente sanguíneo, donde sus propiedades empiezan a entrar en acción.

 

Además, en la cavidad nasal se encuentran unas células que transmiten la información recibida desde el exterior hasta el cerebro, para que éste procese los estímulos recibidos. Así, el aroma de los aceites tiene un efecto inmediato en las emociones, por lo cual son muy utilizados para ayudar a equilibrar el estado de ánimo, liberar el estrés y conciliar el sueño. Para usarlo de esta manera, agrega de 5 a 10 gotas de aceite en el agua del difusor.

 

Aplicación tópica en la piel

Al aplicar el aceite esencial sobre la piel, sus componentes atraviesan las capas de piel y se absorben por el organismo hasta llegar al torrente sanguíneo y de ahí a todo el cuerpo. 

 

Además de que ayudan a tratar el padecimiento para el cual los aplicas, los aceites esenciales contribuyen a hidratar, nutrir y regenerar las células de la piel, pues estimulan el crecimiento en las capas más profundas de la epidermis.

 

Debido a que se trata de sustancias muy concentradas no es recomendable aplicarlos directamente, sino que es necesario diluirlos en algún aceite vegetal. Los únicos que podrían aplicarse sin diluir son los de lavanda, manzanilla y árbol del té, pero de preferencia hazlo bajo la supervisión de un profesional, pues lo ideal es diluirlos siempre.

 

Para diluirlos puedes usar aceite de coco, jojoba, argán, rosa mosqueta, aguacate, germen de trigo o almendras dulces. Todos estos son aceites vegetales hidratantes y suaves que van bien con prácticamente cualquier esencia.

 

Para obtener una dilución con una concentración normal (al 2.5%), que es la más utilizada para tratamientos tópicos, puedes realizar este sencillo cálculo: divide los mililitros del aceite vegetal que vayas a usar entre 2. La cifra que resulta es la cantidad de gotas de aceite esencial que debes agregar.

 

Por ejemplo, si tienes 100 mililitros de aceite vegetal, la ecuación sería 100/2 = 50 gotas de aceite esencial. Las gotas de aceite esencial pueden ser de uno solo o una combinación de dos o más, y en total deben sumar el número de gotas resultante de la división.

 

Una vez que lo hayas diluido, guarda la mezcla en un frasco oscuro de cristal, para que lo utilices cada vez que lo necesites.  

 

Vía oral

Al ingerir un aceite esencial, sus componentes se absorben a través de las paredes estomacales. Sin embargo, no es recomendable que realices esta práctica por tu propia cuenta, a menos de que cuentes con experiencia en el uso de los aceites. Lo ideal es que consultes con un profesional en el tema para que te indique el aceite, la cantidad, la frecuencia y la forma en que debes tomarlo. 

 

Como ves, los aceites esenciales se pueden usar fácilmente para tratar toda clase de padecimientos. Comparte en los comentarios tu experiencia con el uso de aceites esenciales y la forma en que los utilizas, cuáles son tus preferidos y de qué manera te han ayudado.

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