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¿Te puedes enfermar por el aire acondicionado?

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Cuando el verano está en su apogeo, a veces tan sólo salir a la tienda de la esquina requiere que después tomes un baño y te cambies de ropa. En estos casos, contar con aire acondicionado parece demasiado bueno para ser verdad. Es uno de los pocos inventos modernos que no causan daños severos aparentes. Al menos, esa es la impresión que da. Hace que el ambiente se sienta fresco, mientras produce un pequeño sonido casi imperceptible.

 

Sin embargo, un número importante de biólogos y científicos dedicados a la salud señalan que no es una tecnología tan inocente, pues los sistemas de aire acondicionado pueden enfermarte, aunque las probabilidades son pocas y lo más seguro es que puedas seguir 8 horas al día en tu oficina sin correr peligro, siempre y cuando el interior de la máquina no tenga moho u otros organismos nocivos para la salud.

 

El doctor Scott Meschke, profesor de ciencias de la salud en la Universidad de Washington, indica que el problema principal es la condensación y las biopelículas bacterianas potenciales que se forman dentro del dispositivo. Algunos de los diseños más antiguos tenían páneles de condensación, donde el agua simplemente se acumulaba y estancaba. La generación de moho por esta causa puede iniciar reacciones alérgicas, e incluso infecciones respiratorias. No obstante, la mayoría de los casos documentados tienen su origen en el aislamiento de las bacterias.

 

Existen otros tipos de aires acondicionados. Por ejemplo, los de modalidad “seca”, es decir, que no utilizan agua para convertirla en aire. La mayoría de los que se instalan en los hogares poseen esta característica. En estos casos es muy difícil que las bacterias sobrevivan, pues tienden a hacer su vida en el agua. Por lo tanto, este ambiente resulta demasiado hostil para ellas. Como resultado, este tipo de aire acondicionado es seguro para el uso humano.

 

Los sistemas “mojados” son los menos conocidos. Estos sí utilizan agua para enfriar el aire a través de un proceso de evaporación. Los equipos que suelen colocarse en la parte alta de los edificios son de este tipo. Se les llama torres enfriadoras y casi todas las grandes estructuras arquitectónicas cuentan con una o varias. También son muy similares al aire acondicionado de tu coche, que usa un radiador para enfriar el refrigerante que se convierte en aire fresco.

 

Te puedes imaginar lo que acompaña el hecho de que haya agua involucrada en su funcionamiento. Efectivamente, es donde la suciedad que se filtra del ambiente fomenta el crecimiento de bacterias. Aquí es donde la mayoría de los problemas ocurren. Tarde o temprano, el contenido de los aparatos necesita ser evacuado, y así es como expulsa este ecosistema lleno de impurezas que termina en el sistema respiratorio.

 

“El más común de los padecimientos que se derivan de esta situación es una severa forma de neumonía causada por la bacteria Legionella. En ella, los pulmones se inflaman por causa de infección. Los síntomas más comunes son dolor de cabeza, sensación de falta de aire, tos, dolores musculares y fiebre”, cuenta el doctor Arthur Frank, profesor de salud ambiental en la Universidad Drexel.

 

La recomendación más obvia para no exponerte a este tipo de enfermedades es, en primer lugar, llevar a cabo la limpieza de tu equipo cada 3 meses como mínimo. Esto se puede lograr si desinfectas la bandeja donde se acumulan las gotas de agua (productos de la condensación). Además, intenta no encender el aire acondicionado ante la mínima sensación de calor. En la medida de lo posible, hay que utilizar otros métodos más sencillos para refrescarse, como el ventilador.

 

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Con información de Gizmodo


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