Éxtasis sexual consciente: una meditación para practicar durante el acto sexual

Harmonía / 2017-04-15

Aunque el sexo culturalmente es cada vez más ubicuo y cada vez parece tener más importancia, ya sea como una herramienta para el bienestar, como conexión emocional o como instinto de placer, la mayoría de las personas no experimenta el sexo con completa conciencia y apertura. En otras palabras, se hace más como un deporte que como una meditación o un ejercicio espiritual.


Por supuesto que el sexo puede ser muchas cosas, y no tiene nada de malo hacerlo como un deporte --el deporte es bastante sano. Sin embargo, si sólo lo experimentamos así estamos limitando el abanico de posibilidades de la sexualidad, que de lo humano es lo más cercano a la percepción y canalización de la energía creativa, la misma que dio origen al universo.

 

Con esto en mente, proponemos aquí una sencilla meditación. Fundamentalmente, esta meditación consiste en ser conscientes de la respiración durante el acto sexual y, mejor aún, desde el coqueteo previo. Se puede llevar la atención a la zona abdominal donde se presentan movimientos rítmicos en relación a la inhalación y a la exhalación, o también se puede llevar la atención a las sensaciones que produce el aire en las fosas nasales.

 

Estar atentos a la respiración permite dos cosas. Por una parte, nos hace darnos cuenta de la relación sexual como un ritmo y con ello nos acerca a la posibilidad de sincronizar nuestros ritmos, hacer del sexo una danza. Asimismo, nos hace mantenernos necesariamente en el presente; esto nos da, obviamente, más presencia, nos mantiene en el cuerpo plenamente y nos ubica en la riqueza de las sensaciones. Así no entramos en el mundo de la fantasía, el miedo y la esperanza y demás rumiaciones mentales que hacen que no estemos del todo ahí. La atención al presente es plenitud.
 

Un nivel más sofisticado es percatarse de los movimientos sutiles de la energía que van ligados al flujo del aire en el cuerpo, particularmente en lo que en el yoga se conoce como el canal central, una especie de conducto en el cual se reúnen las energías masculinas y femeninas.

 

La corona de esta meditación es mantener los ojos abiertos, mirándose de frente hasta llegar al orgasmo. Esto puede ser algo bastante difícil de lograr, ya sea porque el placer tiende a hacernos cerrar los ojos (en la llamada petite mort del sexo) o porque sostener la mirada de alguien por mucho tiempo puede ser difícil, pero si hay mucha confianza y apertura aquí yace una especie de portal de claridad y compasión. Se recomienda practicar esta meditación en la posición que en el budismo tántrico llaman yab-yum, con la mujer sentada sobre el hombre, frente a frente, como aparece en el arte tántrico.

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