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Tener una mascota es muy benéfico para los adultos mayores

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  • Formas en las que una mascota ayuda a las personas de la tercera edad

Diversas investigaciones han demostrado que las mascotas aportan beneficios para el bienestar de las personas que conviven con ellas. Su presencia genera efectos positivos para el ánimo y la salud, tanto física como emocional y mentalmente. Estos beneficios pueden ser incluso mayores cuando se trata de personas de la tercera edad. 

 

Los animales son un apoyo que reconforta en los momentos de soledad y tristeza; esto los convierte en una excelente compañía, sobre todo para las personas de edad avanzada que se quedan solas en casa y ya no conviven tanto con sus familiares.

 

Tener una mascota, sobre todo si se trata de un perro que debe salir a dar paseos, mejora la socialización de sus dueños, ya que se convierte en un elemento que propicia iniciar una conversación con quienes se acercan para acariciar al perro, o con los demás dueños de otros perros que pasean por la misma zona.

 

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De acuerdo con Alberto Tejeda Perea, académico de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM, hay cada vez más pruebas científicas de que el contacto físico de una persona con su mascota incide, tanto en una como en la otra, en la producción de endorfinas, las cuales actúan como potentes analgésicos, estimulan los centros de placer y contribuyen a eliminar el estrés.

 

Además, convivir con un animal doméstico refuerza el amor propio, ya que a ellos no les importa cómo es o cómo luce su dueño, no juzgan ni critican, hacen reír con sus gracias y, lo mejor -sobre todo si se trata de un perro-, siempre que su dueño llega a casa lo reciben con una alegría tan grande que llevará su autoestima a las nubes. 

 

Y los gatos no se quedan atrás; aunque no son tan efusivos, a su manera también demuestran el gran amor que le tienen a sus humanos.

De acuerdo con Hugo Sánchez Castillo, académico e investigador de la Facultad de Psicología de la UNAM, existen investigaciones hechas con personas de edad avanzada que demuestran que la posesión de una mascota les permite incorporar mejores esquemas de movimiento al estar más activos y tener una sensación de ocupación y bienestar general

 

Todo esto tiene como consecuencia la activación del sistema inmunológico de los individuos de la tercera edad, quienes suelen presentar una respuesta más eficaz a la medicación que siguen.

 

En entrevista con Gaceta UNAM, el especialista explica que lo más adecuado para las personas de edad avanzada es que tengan como mascota un perro de tamaño pequeño o mediano, con un carácter tranquilo y con un nivel de energía media o baja, que no requiera mucha actividad física y que sepa estar en calma mientras descansa al lado de su dueño.

 

Otra buena opción de acuerdo con Sánchez son los gatos, aunque tengan patrones de conducta, formas de expresión de cariño y necesidades distintas a los de los perros. Los gatos son más independientes, requieren de menos cuidados y no necesitan salir a pasear, por lo que son la mejor alternativa para las personas con dificultades de movilidad y que por su condición física ya no son tan activas. 

 

Por otro lado, el especialista afirma que cuando una persona padece depresión, la compañía de una mascota le puede ayudar a enfrentar mejor y superar esa enfermedad y sus consecuencias.

 

Sánchez explica que un individuo con depresión muestra una incapacidad de experimentar placer y de interactuar con la gente, por lo cual se retrae en sí mismo y es presa de una sensación de soledad y aislamiento, de sentimientos de culpa y de pensamientos circulares o repetitivos.

Los perros han desarrollado un gran apego respecto a los humanos. Por ello, si una persona con depresión tiene uno como mascota, éste le generará una sensación de acompañamiento, la cual podrá ser el primer paso para que comience a salir de ese estado. 

 

Sin embargo, el especialista aclara que esto no significa que la mascota por sí sola logrará sacar a la persona de esa enfermedad. Aunque un animal de compañía es un gran apoyo emocional, es indispensable que el paciente se someta a una terapia psicológica y, a veces, también a una farmacológica para combatir su depresión.

 


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