Por qué sí debemos tomar una siesta

Harmonía / 2017-06-14

Los países mediterráneos tienen un hábito que quizá sea su secreto para mantener sus altos niveles de energía y productividad: dormir la siesta. Este tiempo que dedican a descansar entre 30 minutos y 1 hora después de la comida es un intervalo de reposo y relajación que, según los expertos, incrementa de manera significativa el rendimiento. Antes de entender sus beneficios, es importante saber por qué la realizan a esa hora y de dónde viene la costumbre.

 

La palabra siesta proviene del latín sixta que refiere a la sexta hora del día. Para los romanos, designaba las 12 del medio día con respecto a la salida del Sol, por lo que en realidad equivalía aproximadamente a las 2 de la tarde. Pero la costumbre de la siesta nació en el siglo XI cuando el monje italiano san Benito creó una serie de reglas conocidas como la regla benedictina. Entre ellas, el monje establecía que entre las 12 y las 15 horas del día todos los religiosos debían recostarse en el lecho en silencio para descansar y retomar energías para el resto del día. Con el tiempo, esta costumbre se extendió a otros monasterios y a otras poblaciones europeas. (Por cierto, cabe decir que no es España el primer lugar en personas que incluyen la siesta en su vida cotidiana, como podría esperarse, sino Alemania, con 22% de la población. Le sigue Italia con 15%, Gran Bretaña con 14% y luego España con 9%).

 

Ahora bien, la siesta también tiene una causa biológica. Después de comer, la sangre desciende del sistema nervioso al aparato digestivo, lo cual produce somnolencia y disminución de la actividad del organismo (sobre todo si se comen porciones abundantes). Esto se conoce como efecto postpandrial.

 

Lo más interesante es que, aunque de origen el hábito de la siesta no tuvo un respaldo médico, la ciencia sí se ha encargado de estudiar sus efectos. Uno de los estudios más famosos fue el que llevó a cabo la NASA. En una investigación realizada con pilotos de compañías aéreas comerciales se descubrió que, después de dormir una siesta, éstos tenían mayor velocidad de reacción, mejor y más prolongado rendimiento y más calma emocional para enfrentar problemas que otros pilotos que no lo habían hecho. Por ello, la NASA concluyó que dormir la siesta sí aporta beneficios para la salud.

 

Esta organización no es la única que ha estudiado los beneficios de la siesta; otros médicos y científicos han coincidido en que:

 

  • Mejora la sensación de bienestar

 

  • Aumenta la vitalidad

 

  • Mejora los reflejos y la atención

 

  • Incrementa la productividad en el trabajo

 

  • Reduce en un 30% el riesgo de padecer afecciones cardiovasculares

 

  • Permite estar más alerta

 

¡Y estos beneficios pueden extenderse hasta por 10 horas!

 

Por eso, algunas empresas exitosas incluso han diseñado espacios en sus oficinas en los que sus empleados pueden descansar un rato o dormir una siesta. Además, algunas mentes brillantes de la historia como Albert Einstein, Thomas A. Edison, Leonardo da Vinci y Salvador Dalí tomaban siestas a diario.

 

La siesta perfecta

Según las investigaciones, 1/2 hora de siesta puede ayudar a estar mejor, pero la siesta de 1 hora es la más recomendada para que la memoria a corto plazo repose y puedan aprenderse más cosas después de despertar. ¿Por qué 45 minutos no bastan? Porque dormir ese tiempo provoca un estado de “inercia del sueño”, es decir, de no haber despertado completamente, lo cual tiene el efecto opuesto al esperado.

 

Si no eres de los que pueden dormir a voluntad, reposar 1/2 hora, cerrar los ojos y recostarse, incluso sin entrar en sueño profundo, disminuye la ansiedad y reduce la presión arterial.

 

Para crear un entorno ideal para el sueño el lugar debe estar tranquilo, sin ruidos, con temperatura fresca y oscuro.

 

¿Listo para un buen sueñito?

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