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¿Es peligroso que los niños jueguen con armas de juguete?

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No hay algo particularmente peligroso en el hecho de que un niño juegue a que tiene una pistola entre sus manos, haciéndola con sus propios dedos. Tampoco en que tenga una pistola de agua o dardos de goma. De entrada, eso no significa que por el hecho mismo del juego se convertirá en un adulto violento.

 

Según varios expertos, cuando un niño juega con un arma de juguete, está representando más una batalla retórica que un hecho violento en esencia. Su pensamiento está más enfocado a la aventura y a la victoria que al hecho de destruir o lastimar o hacer la guerra; por lo tanto, un niño sin problemas de actitud o de ira, no estará pensando en el arma como un eje de la diversión sino como un accesorio del juego en general, y es muy probable que le pase desapercibida en cierto momento.

 

Sin embargo, las grandes diferencias aparecen cuando aquellos niños que juegan con armas lo hacen con un afán de emulación o representación de actos completamente violentos y salvajes, o peor aún, cuando se han desenvuelto en un ambiente hostil donde las armas y los pleitos son cosas cotidianas, y entonces la agresividad les parece la cosa más normal del mundo. En estos casos es cuando debe cuestionarse seriamente el motivo por el cuál el niño se ve atraído por las armas o las prefiere por encima de otros juguetes.

 

Para un niño que crece en un ambiente libre de violencia, una pistola de juguete sólo sería un artefacto de poder que provoca sus instintos naturales de cazador, defensor y dominador. En ciertos niveles, esto no es ni bueno ni malo, sino sólo una característica que si no se incita o dirige hacia lugares negativos donde la violencia sea una herramienta para obtener cosas, entonces no tendrá mayor relevancia. No obstante, como padres hay que estar muy atentos de esos delgados límites entre un juego y una representación plena de actos de violencia.

 

En términos bastante generales, una pistola de juguete podría ser casi como una espada de juguete o una rama de árbol: objetos de poder no pensados por el niño en concreto para causar daño, sino como parte de una misión aventurera no forzosamente violenta.

 

Entonces, para intentar responder a la pregunta inicial, la clave está en observar e identificar los motivos por los cuáles un niño se emociona con un arma de juguete y si hay gestos o actitudes de violencia explícita mientras juega. También es importante distinguir las armas “de fantasía” que emiten luces o sonidos “graciosos” de las que son completamente realistas y que más bien pareciera que están entrenando al niño para usar armas de verdad cuando crezca. Como padres resulta muy sencillo entender esto. En este caso, en definitiva es preferible mantener a los niños alejados de pistolas de juguete realistas.

 

Lo más importante de todo radica en la educación que le damos al niño y el ambiente donde se desarrolla, pues es una realidad que un niño que convive diariamente con la violencia, las peleas, los insultos y los golpes podría interiorizar esos actos y reproducir esa misma violencia (aun en escalas mayores) cuando crezca, incluso si nunca tuvo un arma de juguete.


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