Una estrategia budista para transformar todo mal en su propio remedio

Michelle Esparza / 2018-02-01

Todos hemos llegado a juzgar a la vida como injusta después de quedarnos sin trabajo, atravesar una ruptura amorosa o vivir situaciones críticas como enfermarnos, sufrir un accidente o experimentar el dolor que implica la muerte de un ser querido.

 

Algunas personas se acercan al budismo con la falsa creencia de que esta filosofía les ayudará a transformar su vida en una utopía donde el deseo y el sufrimiento no existen. Sin embargo, la vida impredecible e imperfecta siempre se encarga de demostrarnos que el dolor tarde o temprano se presenta como una consecuencia natural de vivir. Creer que la iluminación implica un estado libre de obstáculos y adversidades no es propio del budismo.

 

Entonces, ¿qué propone la filosofía budista cuando hablamos de problemas y dificultades? Del Tratado sobre la gran perfección de la sabiduría del filósofo indio Nagarjuna podemos extraer una de las propuestas más enriquecedoras del budismo Nichiren: “convertir el veneno en remedio”.

 

Pero, ¿cómo extraemos energía positiva de la adversidad? A través del Sutra de la flor de loto, el cual plantea que todo ser humano tiene dentro de su ser el potencial de la iluminación y la capacidad de transformar todo lo negativo de la vida en algo positivo y benéfico tanto para sí mismo como para la sociedad de la que forma parte.

 

Para llevarlo a cabo de manera práctica, es necesario transformar los tres senderos: los deseos mundanos (el apego, el interés, la pasión, el afecto por otros, la búsqueda del éxito y el miedo a la muerte); el karma (los efectos que tienen sobre nuestra vida las decisiones que tomamos) y el sufrimiento (la no aceptación de aquello que no podemos cambiar), en las tres virtudes, las cuales son:

 

El cuerpo del dharma

En el budismo, el dharma se representa como una rueda que gira sobre sí misma, y simboliza el orden natural o la ley universal que se encuentra presente en cada uno de nosotros y que rige a cada ser que conforma el universo. Cuando logramos apegarnos a la verdad, aceptar la realidad tal cual es y reconocer aquello que no podemos cambiar, empezamos a fluir con la vida y alineamos nuestro actuar con las leyes de la naturaleza.

 

La emancipación

La verdadera emancipación está en la realización personal, que surge de actuar acorde con nuestros pensamientos, ser sinceros con nosotros mismos y mantenernos fieles a nuestros valores. Al comprender que el poder de enfrentar y resolver nuestros problemas está en nosotros mismos, dejamos de buscar culpables y empezamos a encontrar respuestas. Tomar el control de nuestra vida no sólo implica luchar; también significa atrevernos a soltar aquello que nos hace daño.

 

La sabiduría

Es una virtud que suele confundirse con el conocimiento; sin embargo, éste por sí mismo puede ser tanto benéfico como dañino. Una persona sabia no sólo posee conocimiento, sino que le otorga un valor positivo porque sabe cómo utilizarlo para bien. La sabiduría nos permite comprender y evaluar cada situación desde una amplia perspectiva, dirigir nuestra vida hacia la felicidad y encontrar las respuestas dentro de nosotros mismos. Como dijo Aristóteles: "Conocerte a ti mismo es el principio de toda sabiduría”.

 

El desarrollo de nuestro ser se pone en marcha cuando nos desafiamos para vencer las circunstancias más dolorosas que nos aquejan. Enfrentarnos a las adversidades nos da fortaleza, capacidades para vencer el miedo y sabiduría para seguir sobreponiéndonos.

 

Aunque puede ser muy difícil verlo en los momentos más críticos, el budismo sostiene que cualquier circunstancia negativa tiene un potencial de positividad. Sin embargo, el aspecto positivo no es inherente al problema, sino que surge de nosotros mismos en el momento en el que decidimos hacerle frente, permitiéndonos reflexionar y adquirir en el camino valentía y misericordia. El único obstáculo cuya negatividad quedará impregnada en nuestra vida es aquel al que le permitimos que nos derrote sin luchar. El verdadero enemigo es sentir lástima y dejarnos dominar por la desesperación.

 

El privilegio de vivir implica muchas maravillas pero también muchas situaciones dolorosas, y al no comprender a la vida con todos su matices, confundimos la felicidad con un estado irreal donde no existe el dolor, las carencias ni el sufrimiento. Enfrentarnos a sus retos y abrazarla tal cual es nos dará la fortaleza, sabiduría y amor compasivo que necesitamos para poder experimentarla a través de la iluminación.

 

Con información de Soka Gakkai

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