Evita la angustia de los propósitos de año nuevo con estos tips

Harmonía / 2017-12-30

El hecho de hacer propósitos ambiciosos de año nuevo puede ayudarnos a mejorar nuestras vidas, pero en la práctica, suele producir sobre todo frustración ya que la voluntad es paradójica y, normalmente, hacer los propósitos es, de alguna manera, programarnos para no cumplirlos. Un estudio de la Universidad de Bristol en el 2007 notó que el 88% de las personas que se plantean una resolución de año nuevo fracasa en el intento. Evidentemente existen excepciones, pero la norma es que este ritual secular de recibir el año con desafíos de la voluntad no suele rendir frutos, en parte, porque existe un problema en nuestro acercamiento.

 

Esther Inglis-Arkell, del sitio i09, ironiza un poco sobre esto y escribe:

 

Así que, de cara al año que viene, quizá deberías repensar tus tradicionales resoluciones de Año Nuevo. No digas “Haré esto” o “Haré esto otro”. Di: “¡Oh, delicioso misterio de la vida! ¡Oh, maravilloso torrente de la posibilidad! ¿Dedicaré parte de este año a entrenar para un triatlón? ¿Serviré como voluntario en un refugio y aprenderé a escribir portugués? ¿Iré a buscar a un grupo de gorilas de la montaña, conoceré sus gentiles costumbres y les enseñaré el lenguaje de las señas? ¿Quién puede saberlo? ¡El mundo está aquí para el descubrimiento y la exploración y tiemblo de alegría cuando contemplo lo que este año puede traer!”

 

Este es un posible acercamiento, en vez de resolver cosas como dejar de fumar, puedes afirmar cosas específicas, abrazar el misterio de la existencia y cambiar sobre todo de actitud. Sin duda lograr esto sería más valioso que una meta particular.

 

El escritor Italo Calvino en su juventud tomó una perpsectiva interesante en torno a los propósitos que hace una persona, si bien no necesariamente ligado al año nuevo. La idea de Calvino es enfocarse más en lo general que en lo particular, en logros de alto vuelo y profundidad que van en consonancia con el deseo de su corazón o alma. Aunque esto puede sonar contraprudcente, cuando se tienen metas utilitarias a corto plazo, al final de cuentas lo que buscamos es ser exitosos pero no sólo un año sino en la vida y lograr verdaderamente lo que queremos en un sentido espiritual, artístico o existencial, lo demás es lo de menos. Este acercamiento es, por supuesto, más el de un artista que el de un hombre de negocios. Lo importante de esto, sin embargo, es que el camino de mil kilómetros hacia la montaña del alma empieza con un paso, y organizar los detalles es vital para conseguir el cometido.

 

Quisiera señalar el fin en mi vida de la “angustia desperdiciada”: nunca me he arrepentido tanto de algo como de tener preocupaciones individuales, anacrónicas en cierto sentido, mientras que las preocupaciones generales, preocupaciones sobre el tiempo (o en cualquier caso las que pueden reducirse a eso, como tu problema para pagar la renta, por ejemplo) son muchas y muy vastas y tan “de mí”, que siento que son suficientes para llenar mi “preocupabilidad” e incluso mi interés y mi gozo de vivir. Así que desde ahora quiero dedicarme por entero a estas últimas ―pero estoy consciente ya de las trampas de esta cuestión y por eso de un tiempo para acá mi primera necesidad ha sido “desperiodizarme”, quitarme la correa que ha dominado los últimos años de mi vida: leer libros y reseñarlos inmediatamente, comentar sobre algo incluso antes de tener tiempo para hacerme una opinión sobre ello. Quiero construirme una nueva forma de programa diario en la que finalmente pueda profundizar en algo, algo definitivo (dentro de los límites de las posibilidades históricas), algo ni deshonesto ni insincero (a diferencia de como son los periodistas de hoy en día, de una forma u otra). Por esa razón he hecho varios planes para mí mismo, para mantener contacto con la realidad y con el mundo, pero siendo cuidadoso, claro, de no perderme en actividades innecesarias, y también para crear mi propio trabajo individual no más como “periodista”, sino como “investigador”, con lecturas sistemáticas, notas, comentarios, cuadernos y una cantidad de cosas que nunca he hecho; y también para, eventualmente, escribir una novela.

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