Beneficios para los niños que practican yoga, meditación y mindfulness

Sandra Nieto / 2018-05-08

Estas disciplinas, que son practicadas cada vez por más personas en todo el mundo, no sólo son benéficas para los adultos, sino que también tienen importantes beneficios para los niños. Estas prácticas los ayudan a desarrollarse con una mejor salud física y mental y a obtener un balance entre el cuerpo, la mente y el espíritu. Aquí te decimos por qué sería buena idea que tus hijos se iniciaran en estas experiencias.

 

Beneficios del yoga para los niños 

La práctica del yoga ayuda a los niños a aprender a respirar correctamente y mejorar su concentración, memoria y atención. Además, es una manera de relajarse y lidiar con el estrés y las situaciones conflictivas. Y también mejora su autoestima. 

 

En el aspecto físico, los asanas o posturas y los estiramientos fortalecen sus músculos, mejoran su flexibilidad, agilidad y equilibrio, y les ayudan a mantener una postura correcta de la columna vertebral. En el caso de los niños que son muy activos, esta es una excelente forma de canalizar su energía.

 

Los expertos coinciden en que la mejor edad para que los pequeños empiecen a practicar yoga es a partir de los 4 años, ya que a esa edad ya son capaces de seguir indicaciones y controlan mejor los movimientos de su cuerpo. 

 

Es importante que las prácticas se realicen como una actividad lúdica, no como una obligación, y que las sesiones se lleven a cabo a un ritmo adecuado para la edad del niño, con posturas básicas que pueda realizar fácilmente para evitar la frustración, y poco a poco se puede incrementar la complejidad.

 

Beneficios de la meditación para los niños

Meditar consiste en enfocar la atención en algo concreto, ya sea un pensamiento, un objeto, la propia conciencia o el propio cuerpo. Al practicarla con niños, el objetivo es lograr que centren su atención en su respiración, en algo que ven o hacen, para que esto les ayude a calmar su mente. Y no hay una edad a la que se deba iniciar, puede ser en cualquier momento, siempre y cuando la práctica se adapte a la capacidad, necesidad y personalidad de cada pequeño.

 

Así, la meditación con niños consiste principalmente en observar con atención, ya sea las nubes que se mueven con el viento, la lluvia que cae sobre las plantas, las ramas y hojas de los árboles que se mueven con el aire, o el fuego que arde y danza en una hoguera. 

 

También se puede realizar al contar sus respiraciones, colocar sus manos sobre su abdomen para sentir cómo se eleva y desciende cada vez que el aire entra y sale de sus pulmones. O simplemente al permanecer quietos, en silencio, con la atención puesta solamente en el acto de respirar.

 

El primer beneficio de la meditación en los niños es la sensación de calma y tranquilidad. Además, mejora su concentración y les ayuda a prestar más atención a su entorno. Reduce el estrés, les ayuda a dormir mejor y es útil para calmar berrinches.

 

Por otro lado, también mejora su autoestima, contribuye a que tengan un mejor conocimiento y control de sus emociones y propicia que sean más empáticos y agradecidos.

 

Beneficios del mindfulness para los niños

El mindfulness consiste en un tipo de meditación que tiene el objetivo de lograr la atención plena, para estar completamente en el momento presente. Su práctica constante brinda importantes beneficios para la salud física y mental de los niños. 

 

En primer lugar, les permite entrenar la habilidad de poner atención al presente, con una actitud amable y sin juicios, además de que desarrollan la capacidad para enfocarse en algo y concentrarse. También les ayuda a regular sus emociones, calmarse, autocontrolarse y evitar el estrés. Los vuelve más reflexivos y conscientes de sí mismos: de su cuerpo, de sus emociones, pensamientos y conducta.

 

Para practicar mindfulness con los pequeños puedes llevarlos a dar un paseo a un parque o bosque, que sea un paseo tranquilo, sin prisas, en el que se centren en percibir todas las sensaciones que hay en el lugar: aromas, formas, colores, texturas y que sientan el viento, el agua, el frío o el calor y sean conscientes de lo que todo eso produce en su cuerpo y en su mente.

 

Si prefieres hacerlo en casa, puedes utilizar un elemento sonoro, ya sea una campana, un cuenco tibetano, un gong, una flauta o el instrumento de tu preferencia. La idea es hacerlo sonar y pedirle a los niños que cierren los ojos y pongan atención para que, cuando lo vuelvan a escuchar, levanten su mano en cuanto dejen de percibir su sonido. Puedes poner sonidos ambientales de la naturaleza para que los escuchen mientras haces sonar el instrumento seleccionado.    

 

Otra alternativa es dibujar o colorear mandalas, para que enfoquen toda su atención en esa actividad, e incluso puedes hacerlo cuando comen su fruta favorita, al pedirles que sientan su textura, perciban su aroma y se concentren en su sabor y en las sensaciones que produce en su boca.

 

De lo que se trata es de que conozcas bien a tus niños, para que sepas cuáles son las actividades que más atraen su atención, para que empieces con ellas y se vuelva una práctica agradable para ellos. 

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