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¿Qué es lo que más lamentan las personas mayores de 90 años?

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¿Qué vas a aprender con esta nota?

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  • La vejez es una oportunidad para apreciar las relaciones humanas

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  • El amor no tiene edad, los sentimientos no cambian con la edad

Una mujer de unos 80 años había estado viuda por varios años y los que la conocían la veían angustiada. La razón de esto no era la pérdida de su esposo: estaba enamorada de un hombre casado. Esta historia la compartió con Lydia Sohn, una ministra de 30 años, de la iglesia a la que acudía. Lydia trató de mantener un rostro profesional y compasivo. Sin embargo, internamente le desconcertó la idea de que incluso a sus 80 años, la gente todavía se enamora como en la adolescencia. Una de las características extrañas y maravillosas de una profesión como esta es poder ser confidente y asesor de personas en todas las etapas de la vida. 

 

Las emociones ocurren en todos: alegrías, esperanzas, miedos, anhelos que nunca desaparecen, sin importar la edad que se tenga. Hasta hace poco, se asociaba erróneamente a los anhelos y ambiciones profundos con la energía y el idealismo de la juventud. Solía creerse que los ancianos trascienden estos deseos porque con el tiempo se hacen más estoicos y sus deseos se vuelven parecidos a los de los sabios. O lo contrario: se desilusionan con la vida y gradualmente pierden su vitalidad.

 

Lydia Sohn, ministra de la iglesia metodista St. Mark, se dió cuenta de que sus suposiciones podrían estar equivocadas, así que se puso a investigar las vidas de las personas mayores. ¿Quiénes eran realmente, y qué habían aprendido en la vida? Usó su congregación como un recurso y entrevistó a varios miembros en sus 90 años de edad con un bolígrafo, una libreta, un oído atento y una promesa de mantener a todos en el anonimato. Les formuló preguntas sobre sus miedos, esperanzas y vida sexual o la falta de todo esto. Muchos de ellos se mostraron halagados por el interés de que alguien los escuchara, ya que en Estados Unidos se tiende a olvidar a las personas a medida que envejecen.

 

"Comencé cada conversación preguntando si tenían algún arrepentimiento. En este punto, habían vivido lo suficiente como para ver la vida desde múltiples ángulos, por lo que sabía que sus respuestas serían significativas. La mayoría de sus arrepentimientos giraban en torno a sus familias", comentó la ministra. Deseaban que las relaciones, ya sea con sus hijos o entre ellos, fueran diferentes. 

 

"Luego pasé a los momentos más felices de sus vidas. Todos y cada uno de estos niños de 90 y tantos años, todos viudos, recordaban un momento en que sus cónyuges aún estaban vivos y sus hijos eran más pequeños y vivían en casa. Como una joven madre ocupada y profesional que a menudo fantasea con los placeres lejanos e imaginados de la jubilación, respondí rápidamente: `¿Pero no fueron esos los momentos más estresantes de su vida?´". Sí, por supuesto, todos estuvieron de acuerdo. Pero no cabía duda de que esos días también eran los más felices.

 

Los datos que la ministra obtuvo a partir de estas charlas contradecían un artículo muy conocido sobre la felicidad publicado en The Economist, "The U-bend of Life". La teoría de la "curva en U" surgió cuando los investigadores descubrieron hallazgos consistentes de varios proyectos de investigación independientes sobre la felicidad y el bienestar en todo el mundo. Llegaron a la conclusión de que la felicidad, el placer y el disfrute son más tenues durante la edad media de la vida, a partir de los 20 años, con una depresión que llega a los 46 años, lo que fue descrito como "miseria en la mediana edad". Sin embargo, la felicidad de los jóvenes no sólo regresó, sino que fue experimentada a niveles más altos en los años 70 de las personas. Los investigadores plantearon la hipótesis de que la miseria de la mediana edad se debía a la abrumadora cantidad de demandas familiares, profesionales y financieras durante estos años. Los científicos concluyeron que luego de una caída de la felicidad en la mediana edad, se desarrolla más autoaceptación y las personas se vuelven menos ambiciosos y más conscientes de vivir en el momento presente (en lugar del futuro) a medida en que se acercan a los 70 años.

 

Quizás la felicidad sea más compleja de lo que se piensa. Tal vez la comprensión de lo que causa la felicidad cambia a medida que se envejece:

 

"Me moría por preguntar si sus parejas (de muchas décadas, en la mayoría de los casos) eran realmente el amor de sus vidas. Resulta que esto era cierto para algunos y no para otros. En ambos casos, sin embargo, trataban de hacer que sus matrimonios funcionaran. Me dieron la sensación de que después de tener hijos, sus matrimonios se volvieron mucho menos importantes para su felicidad que la dinámica general de la familia nuclear".

 

Este enfoque en la unidad familiar, sin embargo, no significó que su pasión sexual y romántica desapareciera. Todavía anhelaban ser cortejados y perseguidos. Todavía experimentaban una atracción intensa por las personas que no eran sus cónyuges, y hasta el día de hoy sienten una atracción intensa por los demás. Por supuesto, el sexo se vuelve más aburrido, al igual que la masturbación, pero su deseo de compañía es tan prominente como lo fue en su juventud.

 

Los pensamientos de los entrevistados sobre la belleza y el envejecimiento también fueron variados: su apariencia física era tan importante ahora como cuando fueron jóvenes. Aquellos que fueron valorados por su buena apariencia o atletismo experimentaron mucho más dolor con respecto a sus cuerpos actuales que aquellos que obtuvieron la confianza de cualidades que estaban mucho menos fijadas en el tiempo. 

 

A los que no les importaba la apariencia en su juventud, tampoco les importaba ahora en la vejez. También compartieron que no le tenían miedo a la muerte, sino a morir; una distinción profunda. Ahora física y mentalmente saludables, sólo les preocupa el final del viaje: ¿será en una cama de hospital?, ¿podrán reconocer a sus familiares y amigos? ¿padecerán un dolor constante? Ser viejo no les molesta, si no afecta su calidad de vida. De hecho, a muchos les parece que tiene más ventajas: más tiempo, más perspectiva, menos prisas por ser las mejores personas y las más exitosas, y una urgencia por fortalecer las relaciones importantes en su vida.

 

Esto despertó una inquietud en la ministra: "Alguien que entra en el apogeo de su carrera, gasto mucha más energía en el trabajo que en las relaciones. Y cuando imagina el futuro, imagina lo que habrá logrado en lugar de la calidad de sus interacciones con aquellos que son más importantes". Las personas de 90 años enfatizan lo contrario cuando miran hacia atrás. Sus alegrías y lamentos no tienen nada que ver con sus carreras, sino con sus padres, hijos, cónyuges y amigos: "Cuando le pregunté a una persona '¿Desearías haber logrado más?', él respondió 'No, desearía haber amado más'".

 

Estas conversaciones desafiaron a la ministra: "Ciertamente no renunciaré a mi trabajo para pasar más tiempo con mi familia porque también reconozco que las carreras exitosas y la estabilidad financiera son excelentes fuentes de satisfacción, lo que, a su vez, afecta el bienestar de la familia". Estas diferentes perspectivas la ayudaron a concentrarse en lo que realmente importa, frente a las responsabilidades y prioridades en competencia. 

 

No se puede tener miedo a la vejez, pues ésta significa una etapa en la que es posible enfocarse en relaciones importantes; sin embargo, es necesario que se prepare el camino para disfrutar de una de las etapas más plenas y satisfactorias del ser humano.

 

Con información de Youth Now


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