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¿Estresado? Haz estas 4 cosas

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  • Métodos para aliviar el estrés

La vida tiene retos, casi todos los días te enfrentas con algo nuevo, gente que puede sacarte de tus casillas, problemas, etcétera. Así es la vida, y de nada sirve llenarte de estrés o ansiedad. Si miras las cosas desde otra perspectiva y lo tomas con calma, todo saldrá mucho mejor.

 

Al cultivar una mente más tranquila podrás tener mucha más atención, energía y creatividad para lidiar con todas esas situaciones de estrés. La ciencia también dice que al tener más calma, podrás ser mucho más resiliente dentro de todo este caos.

 

Una mente en estrés vs una mente calmada

El estrés nunca fue concebido para ser una experiencia de 24 horas al día, 7 días a la semana. Como explica el profesor de Stanford, Robert Sapolsky, se supone que uno sólo debe sentirse estresado en los 5 minutos previos a la muerte.

 

Cuando sientes que te persigue un animal por la sabana, se supone que esa respuesta al estrés debe salvarte la vida: moviliza tu atención, tus músculos y tu sistema inmunológico para sacarte rápidamente de peligro. Cuando los animales escapan salen de este modo de “huida” para entrar al modo “descansar y digerir”, donde el sistema nervioso parasimpático trabaja para reponer sus recursos.

 

Se supone que esa respuesta al estrés es de corta duración porque desgasta tu cuerpo, tu salud y tu energía. También impacta en cosas como tu inteligencia emocional y la toma de decisiones. Cuando estás muy nervioso, es más probable que reacciones a las situaciones y no reflexiones sobre ellas con la razón.

 

También percibes el mundo de manera diferente. El estrés te hace sentir muy concentrado en una sola cosa y no te deja ver la perspectiva mayor del todo. Cuando estás más tranquilo, tu atención se amplía y así puedes ver más cosas.

 

Cultiva una mente tranquila con estas 4 herramientas

Ejercicios de respiración

La respiración es una forma poderosa de regular las emociones y es algo que en muchas ocasiones das por hecho. A través de tu respiración puedes activar tu sistema parasimpático -la respuesta de tranquilidad de tu cuerpo-.

 

Uno de los ejercicios de respiración más calmantes que puedes hacer es inhalar (por ejemplo, contar hasta 4), aguantar y luego exhalar el doble de tiempo (por ejemplo, contar hasta 6 u 8). Puedes estrechar suavemente tu garganta e intentar hacer un sonido como de océano. Al hacer esto activas tu sistema nervioso parasimpático, reduces tu ritmo cardiaco y tu presión arterial.

 

Sé compasivo contigo mismo

En la mayoría de las ocasiones tú te conviertes en tu propio crítico interno, incluso a veces hasta en tu propio enemigo. Ser crítico está bien en cierta medida, pero cuando se vuelve una obsesión te hará mucho más daño que bien. Las personas que son en exceso críticas consigo mismas, suelen tener mucho más ansiedad y depresión.

 

La autocompasión es la capacidad de estar atento a tus emociones, consciente de las emociones que ocurren en tu interior cada vez que fracasas en algo. Eso no significa que te identifiques con ellas; puedes sólo observarlas y notarlas, sin alimentar el fuego. La autocompasión también implica comprender que todas las personas cometen errores y que eso es parte del ser humano. Y es la habilidad de hablarte a ti mismo de la manera en que le hablarías a un amigo que acaba de fracasar, con cariño y amabilidad.

 

Cultiva relaciones genuinas

Cuando estás en una conversación con alguien, ¿realmente estás presente? Como ser humano, necesitas crear conexiones reales y positivas con otras personas. La oxitocina y los opioides naturales que se generan en tu cuerpo cuando tienes este tipo de relaciones, logran que tu cuerpo pueda calmarse.

 

Ten compasión con los demás

De la misma manera en que quisieras que alguien te extienda su mano cuando te sientes mal, también las otras personas esperan eso de ti. Cuando practicas la compasión verdadera con los demás, tu ritmo cardiaco baja y tu sistema nervioso parasimpático está más activo.

 

Cultivar la calma no se trata de evitar todo tipo de emociones estresantes. De hecho, cuando te tomas el tiempo de respirar, conectarte y cuidar de ti, es posible que algunos de estos sentimientos de los que huyes te alcancen en algún punto. Es aquí en donde entra la autocompasión. Ser resiliente no significa que serás feliz todo el tiempo, pero sí que tendrás la energía, mentalidad y el apoyo de los demás para ayudarte a superar la tormenta.


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