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5 cosas que debes dejar de hacer cuando te sientes agobiado y agotado

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  • Hábitos que drenan tu energía

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  • Recomendaciones para evitar caer en ellos

Aunque a lo largo de la vida haya muchos buenos momentos dignos de alegría, dicha y felicidad, la realidad es que todas las personas enfrentan distintos problemas, presiones y preocupaciones; unos más grandes que otros, unos más complicados, pero no por eso ninguno es menos importante, y al final todos afectan a quien los padece. 

 

En ese cauce entre victorias y derrotas, intentos, aciertos, fracasos, caídas y fuerza para levantarte, es muy probable que haya veces en las que te sientes agobiado y agotado; y es normal.

 

En esos casos, para dejar atrás el agotamiento, recuperar tus fuerzas y seguir en tu lucha diaria hay algunas cosas que deberías dejar de hacer, como las siguientes cinco, ya que sólo contribuyen a drenar aún más tu energía.

 

1. Deja de compararte con los demás

Cada persona es diferente y sus vidas también lo son, así que cada uno enfrenta luchas, problemas y obstáculos diferentes. Por ello, no debes comparar tu vida ni lo que ocurre en ella con la de nadie más.

 

Puede que tus problemas no sean tan grandes como los que enfrenta alguien que conoces, pero para ti son importantes y representan un obstáculo, así que dales su importancia y date el tiempo para resolverlos.

 

Por otro lado, tampoco debes irte al otro extremo al minimizar las dificultades de los demás y pensar que las tuyas son más complicadas. Así que no compares ni juzgues, pues simplemente son caminos diferentes y cada uno tiene sus tramos planos, de subidas o bajadas. Sé compasivo y amable contigo mismo, pero también con los demás.

 

2. Deja de enfocarte en cosas que no son prioridades

Cuando pasas por un momento difícil, necesitas ser más exigente con respecto a lo que realmente importa y lo que no. Si te agotas con lo no esencial, tendrás poca energía para las cosas que realmente son relevantes en tu vida y que más necesitan de tu atención.

 

Cada vez que una nueva preocupación te asalte, pregúntate si es algo de verdad importante, ¿realmente requiere tu atención? Y si es así, ¿debes dársela de inmediato o puede esperar? 

 

Cuando tu energía es baja, es importante priorizar para usar tus reservas de energía sabiamente. Si no lo haces así, corres el riesgo de colapsar. Así que no tengas miedo a decir que no a algunas cuantas cosas para enfocarte en tus prioridades.

 

3. Deja de añorar el pasado y acepta el presente

Tal vez antes eras mucho más activo o productivo físicamente, o más o menos emocional, y puede que pienses que tu yo del pasado era mejor que el actual. Además de aferrarte a ese sentido de identidad de lo que solías ser, puede que te dé miedo que a otras personas no les guste la nueva versión de ti, que quizás se volvió una persona que es mucho menos divertida o más necesitada de apoyo, ayuda, cuidado y afecto.

 

Pero la realidad es que nadie es nunca el mismo que solía ser, pues todas las personas cambian y evolucionan constantemente (para bien o para mal). A veces también se dan circunstancias que físicamente te impiden hacer lo que hacías antes, o ya no te dejan hacerlo con la velocidad o agilidad de antaño (como cuando tus rodillas empiezan a crujir y la espalda te comienza a doler). Ahora enfrentas nuevas circunstancias y desafíos, y tus necesidades cambiantes no desaparecerán simplemente porque las ignores o las descuides.

 

Es natural y es parte de la vida sufrir cambios y pérdidas, temporales o permanentes, grandes o pequeñas, pero eventualmente necesitas aceptar la realidad y luego reflexionar sobre cómo puedes trabajar con esa nueva realidad, en lugar de resistirte a ella. De lo contrario, únicamente te causarás mucho estrés innecesario, que sólo te hará sentir más agobio y agotamiento.

 

4. Deja de esforzarte cuando necesites relajarte

Puede pasar que llegues a minimizar tus necesidades físicas y emocionales porque te juzgas a ti mismo por tenerlas y porque crees que deberías poder hacer más. Quizás porque crees que otras personas en situaciones similares hacen más, o porque simplemente esperas mucho de ti mismo.

 

Pero la cuestión es que decirte a ti mismo que no debes estar exhausto, no te permite funcionar mejor a través de tu cansancio. Despreciarte por necesitar un descanso no te hace más productivo o efectivo. Y menospreciarte por sentir lo que sea que sientes no transforma tus emociones de inmediato.

 

Si estás cansado, necesitas descansar. Si estás agotado, necesitas hacer una pausa y darte un respiro. Si te duele, necesitas tu propia compasión. Y nada cambiará para mejor hasta que te des lo que necesitas, sin juzgarte, acusarte ni exigirte de más.

 

Así que procura crear pequeños espacios para el autocuidado, para aliviar tu presión autoimpuesta y priorizar tus necesidades. Por ejemplo, puede que no tengas tiempo para una siesta de 1 hora, pero puedes descansar los ojos durante 15 minutos. Es posible que no puedas cronometrar los 10 mil pasos diarios que se recomiendan, pero puedes dar un paseo por la cuadra o el parque y poco a poco aumentar su duración. 

 

5. Deja de pensar que “te estás quedando atrás"

Ciertas herramientas y hábitos actuales, como las redes sociales, se han vuelto una forma de presión social, pero sobre todo, de autopresión. Por ejemplo, si ves que de pronto parece que todos tus amigos se casan, tienen hijos, compran su propia casa, se van de vacaciones todo el tiempo, etcétera, y sientes que tú no haces nada de tu vida, detente, deja de compararte. 

 

Muchas veces, las cosas que quieres lograr o lo que crees que debes hacer para convertirte en lo que crees que deberías ser no son más que eso, creencias que te hacen entrar en pánico por creer que no cumples con lo establecido. 

 

Pero nada de eso es cierto. Si bien es positivo que quieras crecer y trabajar en tus áreas de oportunidad para ser una mejor versión de ti mismo, tienes que hacerlo a tu ritmo, en tus tiempos y en tu camino, no con los estándares marcados por la sociedad ni por alguien más.  

 

Además, donde sea que estés ahora, esta es una parte válida de tu experiencia de vida, y quizás incluso una parte valiosa. No necesitas apresurarte para alcanzar a los demás ni para cubrir las expectativas de nadie, sino esforzarte para alcanzar tus sueños, esos que son verdaderamente tuyos, y para hacer lo que te hace realmente feliz. Ten presente que la vida no es una competencia ni una carrera; vive a tu ritmo y disfruta del camino.


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