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Amar como fin de vida

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El amor es un beneficio. Todos, todo el tiempo, están en busca del amor, de forma consciente o inconsciente.

Puedes no ser consciente de ello, pero las acciones de tu vida, como la forma de moverte, cómo te vistes o las actividades que haces tienen que ver con una necesidad de amor, de ser reconocido y aceptado.


Muchas veces te puedes convencer de que es por ti mismo. Lo ideal es que así fuera. Sería genial que los actos inconscientes de hacer algo por necesidad fueran conscientes, por amor a ti mismo o a los demás.


Se habla de cómo se necesita ese amor, y quizá ya te diste cuenta de que ese amor está dentro y ha estado siempre dentro de ti. Evidentemente, lo que más sana es no sólo ser consciente de esta gran capacidad que tienes de amar (y que no está en una palabra o pensamiento) sino realmente sentirlo y manifestarlo natamente en ti mismo y, por último, compartirlo con todos los demás.


Lo hermoso es que cuando empiezas a compartir ese amor que es tan inmenso en otros, derramas esa alegría y curiosamente empiezas a llenarte de más de eso que inconscientemente necesitabas. Es como abrir la llave del grifo, que puede correr y correr. Así es el amor; es infinito y no se acaba. Entre más lo sientes, más te llenas de amor. 

 

Cuando empiezas a compartir ese amor que abunda dentro de ti, la magia comienza. La necesidad empieza a cesar. Te das cuenta de que no necesitas todo lo que en algún momento alucinaste que necesitabas, porque en realidad lo tienes todo dentro de ti. Eres una máquina perfecta para generar lo que quieres. Y el motor más fuerte, potente y que funciona como cocreador para manifestar la vida que deseas es el corazón.


Estar en la frecuencia del amor en tu corazón disipa la ilusión del intento y la lucha cansada de que te amen o acepten. Empiezas a cocrear una realidad donde eso ya no es necesario porque uno solo lo puede cubrir, al estar en una frecuencia alta de amor a uno mismo y al concentrarse en cómo amar, dar y servir al otro. Por ende o por añadidura, toda esta energía que se entrega, se devuelve multiplicada y es como un infinito en el que entre más te das y das a otros, más recibes. Lo más interesante es que el foco ni siquiera está en recibir sino en dar, ya que eso es lo que genera la verdadera alegría.

 

Es por ello que en esta realidad hay muchas cosas que están de cabeza. La idea de recibir, acumular y tener se concentró durante milenios en una necesidad ilusoria que no tiene fin. Las personas nunca se sienten satisfechas y cada vez quieren más. No les importa pisar al otro con tal de obtenerlo, y eso te hace cada vez más infeliz. También te aleja del verdadero potencial que tienes y de lo que realmente te podría llenar, que tiene que ver con el servicio, con dar, compartir y, sobre todo, con el amor.

 

Es real que estas memorias de cientos de años de cómo se ha movido la humanidad, de las falsas creencias, de tener más de lo que necesitas o de estar en el egoísmo puro, es momento de transmutarlas y cambiarlas a nuevos pensamientos y emociones positivas que te llenen de eso que buscas, pues no llegará de la otra forma. Mejor experimenta la satisfacción de genuinamente querer ver al otro feliz, de estar en esa frecuencia elevada de alegría y amor por el simple regalo de estar vivo.

 

No llega con más ropa, coches, casas lujosas, con un mejor puesto o un mejor físico. Llega cuando te aceptas en tu esencia y cambias el chip de sólo recibir. Date ese amor que buscas y compártelo sin esperar nada a cambio, porque eso te llena. Eso es quererte: querer ver al otro bien, querer la alegría y la paz y querer positivamente no sólo para ti mismo sino también sinceramente para el otro, porque te hace feliz verlo bien.

 

Amar te llena más que cualquier título o cosa material que puedas tener. Y es real que es a lo que más se le tiene miedo. Sin embargo, ese es el objetivo final, pero si sigues en la pelea, pierdes más tiempo al no gozar y sentir la maravilla que es esa alegría, paz y plenitud que se siente al entregarse con conciencia. El objetivo final es amarte, amar la vida y amar a quien a ti y a tu corazón los haga felices.


Así que no pierdas otra vida más en el miedo de que van a romperte el corazón, cuando se rompe solito por endurecerlo y no abrirlo. Ábrelo ya, ama y aunque te desilusionen, tú ama. No se trata del otro, se trata de la plenitud de estar en esta hermosa frecuencia que hace milagros: te cambia a ti y al mundo. Se llama amor, y el gozo final es sentirlo dentro de ti.


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