Solidaridad con la diversidad

Paulina Sánchez / 2017-07-24

En ocasiones, hay quienes prefieren evitar mostrar empatía y solidaridad con personas LGBT, de otros credos o razas por temor o rechazo a ser etiquetados, pero guardar silencio ante la discriminación y no actuar para que el mundo sea más incluyente da fuerza al odio y nos deshumaniza.

 

El pasado lo ha demostrado. Miles de judíos fueron víctimas del genocidio porque demasiadas personas permanecieron impasibles ante los hechos. Fueron muchos los que a pesar de no estar de acuerdo con el régimen nazi, prefirieron no ayudar ni impedir esas injusticias con tal de no ser identificados como parte de la resistencia. Eso fue lo que más fortaleció el antisemitismo.

 

Por su parte, en Estados Unidos sucedió lo mismo con la segregación racial. Incluso quienes sentían cierta compasión o empatía con los afroamericanos miraban al otro lado y negaban que muchos de ellos habían sido su personal de servicio o nanas y que, en ese sentido, habían formado parte de su familia por décadas. Eso, quizá, era lo más grave… no reconocer en las personas de raza negra a alguien que era parte de su mundo y su vida.

 

Aun con todo, hubo personas que mostraron su solidaridad con estos grupos discriminados. Irena Sendler fue una enfermera polaca que salvó a más de 2 mil 500 niños judíos, Oskar Schindler logró salvar a unos mil 100 judíos polacos y Miep Gies dio refugio a la familia de Ana Frank.

 

Asimismo, en Estados Unidos hubo casos como el de los Viajeros de la libertad (Freedom Riders), un conjunto de activistas formado por grupos raciales mixtos que viajó en autobuses por el sur del país para denunciar las leyes y costumbres de segregación en el transporte público. Tal vez no todos los nombres se recuerdan pero, sin duda, para las personas a las que ayudaron y para la humanidad fueron héroes.

 

Hoy en día aún hay muchas situaciones de discriminación por religión, xenofobia y homofobia, pero cada individuo puede sumarse al cambio y combatir el odio con amor, comprensión, empatía, amistad y solidaridad. Un ejemplo notable son los aliados de la comunidad LGBT, es decir, personas heterosexuales que construyen la equidad mediante publicaciones, proyectos culturales, programas de concienciación en empresas, conversaciones con amigos o familiares, educación y/o activismo. Sin duda, sus acciones ayudan a construir una sociedad que promueve y valora la diversidad.

 

Un aliado tiene el poder de actuar en favor de otros e incluso puede que sea más escuchado, al estar fuera del grupo que es rechazado. Por eso, posee un papel fundamental como puente de comunicación, educador, agente de cambio y modelo a seguir. Pero, ¿cómo?

 

Sé el ejemplo

En tus manos está la educación de otros, por lo que eres responsable de construir mensajes educativos de diversidad y respeto. No dejes la responsabilidad de generar un cambio a las nuevas generaciones; empieza por mostrarles el camino de la tolerancia siendo un ejemplo. Sin importar tu edad, tu ocupación o tu género, crea ambientes seguros para las personas LGBT y para los hijos de familias diversas.

 

Di las cosas como son

Cuando te refieras a las parejas o esposos(as) de personas LGBT, refiérete a ellos como su novio(a), su pareja o su esposo(a) y no como su “amigo” o “amiga”. Utiliza con normalidad palabras como homosexual, gay, lesbiana, bisexual o transexual, pues se debe generar conciencia en torno a que no son insultos ni palabras degradantes, sino meramente identificadores de una orientación sexual o identidad de género.

 

Igualmente, si hablas con una persona transexual, refiérete a él o ella por el género con el que se identifica o el que te indique, incluso si no ha pasado por alguna cirugía de reasignación de género.

 

También considera que los diminutivos no son atenuantes de los significados; “mariconcito” o “jotito” no son expresiones de cariño, sino invitaciones para que a esa persona se le trate con lástima o desdén.

 

Alza la voz por quienes no pueden hacerlo

Si ves que se comete un acto de injusticia, discriminación, agresión o violencia contra alguna persona LGBT, evita ser un mero testigo que reprueba la situación pero no actúa. Un comentario puede alertar a otras personas a tu alrededor sobre lo que sucede, mientras que dar aviso a alguna autoridad o denunciar el acto puede ser de gran ayuda.

 

Sé tú mismo

Las personas auténticas son quienes más se muestran solidarias con la comunidad LGBT porque, ante todo, son honestas consigo mismas y no se basan en el “qué dirán” para actuar conforme su conciencia les dicta. Ser tú mismo te libera de ideas preconcebidas, porque te invita a cuestionar tu entorno y a discernir lo que verdaderamente piensas. Asimismo te protege de críticas de terceros, pues no dependes de la aprobación de otros para ayudar a quien consideras que lo necesita. Más allá de todo, te revela la verdad sobre ti y te empuja a conocer la de los demás, volviéndote mucho más propenso a valorar a cada persona como es.

 

Como es de notar, estas estrategias no aplican solamente para ser solidarios con la comunidad LGBT, sino con cualquiera que sea diferente a lo que nos es común, sea por causas de credo, raza, nacionalidad, situación social (por ejemplo, los refugiados o los inmigrantes), edad, o cualquier otra forma de diversidad.

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