Por qué actuar verde te hace sentir bien

Paulina Sánchez / 2018-02-01

Hay algo en común en participar en actividades altruistas, ser parte de iniciativas humanitarias y actuar de manera ética: en los tres casos obtenemos las recompensas de incrementar nuestro bienestar emocional, ser coherentes con nuestro espíritu y llenarnos de una satisfacción inmensa. No obstante, la vida constantemente nos empuja a actuar precisamente de manera contraria al camino que nos lleva a obtener esos beneficios. Primero, porque es más cómodo ignorar los problemas sociales y, a nivel material, porque resulta más barato y accesible hacer elecciones sin conciencia. Así, por ejemplo, es menos probable que optemos por productos orgánicos o de practicas sustentables en el supermercado porque los hay en menos variedades o a precios ligeramente más altos que los de sus contrapartes genéticamente modificadas o repletas de químicos. También, es más cómodo ignorar prácticas como la alimentación consciente porque nos sentimos cómodos disponiendo de los recursos sin reflexionar sobre lo que conlleva su producción y sin reconocer que, con el simple hecho de reducir su consumo (por ejemplo, de carne), se logra una gran diferencia en el entorno.

 

Cuando actúas con conciencia, se nota

El “brillo interior” es la sensación de calidez que experimentan las personas que ayudan a otros, sobre todo cuando esto les exige de un sacrificio. Este brillo interior se da de manera contrastante al frío emocional que genera hacer algo malo. Curiosamente, no es sólo un término metafórico para describir las consecuencias de cada acto, sino una sensación real.

 

Aunque se ha dicho mucho sobre los beneficios del altruismo y la empatía, las investigaciones recientes han descubierto que las personas también experimentan la sensación de brillo interior cuando toman decisiones sustentables o ecológicamente conscientes. En un estudio, cuando los participantes hacían algo para ayudar al medio ambiente percibían temperaturas ambientales más altas que las que decían sentir quienes no hacían algo similar.

 

Resulta interesante la idea de que sentir ese brillo interior no sólo tenga la función de recompensa sino también de motivación. Un estudio publicado en el diario Nature Sustainability reveló que los adultos que se ilusionaban por la anticipación de sentir un brillo interior eran quienes a su vez adoptaban más iniciativas a favor del medio ambiente.

 

Lo bueno de hacer el bien es sentirse bien

Hay quienes consideran que realizar una actividad que ayuda a otros o que genera un beneficio para el medio ambiente es un acto egoísta. Esto es porque no están de acuerdo con la idea de que la motivación principal de una buena acción sea la recompensa emocional de la misma. No obstante, hacer el bien no tiene por qué estar peleado con sentirse bien por hacerlo. Por el contrario, la vida es tan recíproca que devuelve las buenas acciones con satisfacción, felicidad y una sensación de brillo interior. A la vez, esto es una gran inspiración para continuar con ese círculo de bondad y cooperación con el mundo. 

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