Esta película cambiará tu manera de recordar y de vivir el amor

Harmonía / 2017-06-26

Si te dieran la oportunidad de borrar de tu mente las situaciones dolorosas de tu vida, ¿lo harías? Uno de los más grandes miedos del ser humano es el dolor; otro, el olvido. Sin embargo, Edgar Allan Poe dijo alguna vez que cuando deseamos olvidar una situación en el acto, hay que tomar nota de que se trata de algo que va a ser recordado. Al respecto, Alexander Pope escribió un poema, y la increíble imaginación de Charlie Kaufman, junto con el director Michel Gondry, transformó un fragmento de este poema en una historia sobre la memoria, el amor y el desapego.

 

 

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos podría ser una comedia romántica hollywoodense como cualquier otra; sin embargo, está muy lejos del molde. Los protagonistas son Joel y Clementine. Él, un introvertido y sensible treintañero con un trabajo común cuya vida sin grandes emociones se torna interesante cuando conoce a su perfecto opuesto: Clementine. Contrario a Joel, ella es muy extrovertida, impulsiva y emocionalmente inestable. Después de un par de años, su relación se vuelve un tanto monótona y, tras una discusión previa al Día de San Valentín, Clementine decide someterse a un proceso experimental para, literalmente, eliminar a Joel de su mente en LACUNA, la clínica donde el Dr. Mierzwiak borra los recuerdos dolorosos de las personas que así lo desean, dándoles la oportunidad de “empezar de cero”. Cuando Joel se entera de que se ha convertido en un desconocido para Clementine, el dolor es tanto que decide someterse al mismo proceso para ponerle fin.

 

Mientras yace inconsciente, Joel revive en retrospectiva cada recuerdo de Clementine, justo antes de que los técnicos de LACUNA vayan borrándolos uno a uno. Entre citas, besos e incluso discusiones, Joel redescubre su amor por ella, y se da cuenta de que no quiere olvidarla. Tras intentos fallidos por salir de su estado de inconsciencia y enviar señales a los técnicos para que se detengan, termina huyendo dentro de su propia mente con Clementine, buscando esconderla en los rincones más recónditos de su memoria con la esperanza de poder conservar su recuerdo.

 

 

La película fluye como un sueño fragmentado y surrealista, cuyos saltos en el tiempo forman piezas que se ofrecen una a una hasta armar el rompecabezas. Es una inmersión en la memoria, un viaje que trata de descifrar los misterios del amor y que explora cómo nuestros recuerdos, inseguridades y traumas reflejan nuestro lado más auténtico, vulnerable, y explican quiénes somos y por qué. La música dota de intención cada una de las escenas, que van desde las lágrimas más desesperadas y sinceras de un corazón roto hasta situaciones tan cómicas que rayan en la teatralidad. Los diálogos de los personajes son brillantes, y definen en cada palabra las emociones tan opuestas de los protagonistas. Jim Carrey (Joel) se desprende por completo de su papel de cómico para crear un personaje tímido y vulnerable. Por su parte, Kate Winslet (Clementine) mantiene arriba el ritmo del filme, y contrasta los tonos fríos dominantes con los colores brillantes de su cabello, que van cambiando tanto como las emociones de su personaje.

 

 

El conflicto de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos nace de la crisis que surge en toda pareja cuando la etapa de la luna de miel empieza a desvanecerse, dejamos de idealizar y aparecen las cosas que no nos gustan tanto del otro. ¿Podemos pasar tanto tiempo peleando por lo que no nos gusta hasta que no nos quede tiempo para disfrutar lo que amamos? Estar en una relación, y defenderla contra todo pronóstico, requiere de valentía y voluntad. Para poder amar, tanto a nosotros mismos como a otros, necesitamos enfrentar el miedo y aprender a lidiar con el dolor. Puede que parezca más fácil huir de los problemas que enfrentarlos, pero la realidad es que no se puede huir para siempre. Una frase de la película dice: “Se puede olvidar lo que pasó, pero no cómo se sintió”. El amor deja huellas profundas que prevalecen a través del tiempo.

 

 

A veces no somos capaces de ver lo que significan las personas para nosotros hasta que las perdemos. ¿Por qué esperar a perder a alguien para valorarlo? La película hace reflexionar sobre el valor de vivir en el presente, atesorar los momentos, abrazar nuestros recuerdos y arriesgarnos para no arrepentirnos de las cosas que nunca dijimos. Puede que aún no seamos capaces de borrar recuerdos y personas de nuestra mente, pero sí podemos perderlas por actos impulsivos, por no saber manejar nuestras emociones, por orgullo o por miedo.

 

Aunque también es importante aprender a decir adiós cuando las cosas ya no funcionan o cuando estamos en una relación dañina; lo mejor es dejar ir sin rencores, y sin olvidar, porque cada instante de nuestra vida y cada persona que ha ocupado un lugar importante en el corazón deja su huella, sin la cual no seríamos las personas que somos ahora. Además, ¿qué sería de cada uno de nosotros, y de la humanidad misma, sin nuestra historia?

 

 

¿Quieres vivir para siempre? Entonces vive para dejar huella en la memoria de las personas que te rodean y atesora tus propios recuerdos, porque como diría el poeta Jaroslav Seifert: "Recordar es la única manera de detener el tiempo".

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