5 cosas que la comunidad LGBT quiere que sepas

Paulina Sánchez / 2017-06-22

La mejor manera de generar empatía entre las personas es conocerlas, para así identificar puntos de encuentro que permitan verlas como nuestros semejantes. Por ello, tener una conversación con miembros de la comunidad LGBT es un gran paso para entender la realidad que experimentan en el día a día. Si lo intentas, en ese intercambio de ideas y vivencias, esto es parte de lo que podrás descubrir:

 

1. Salir del clóset no es cosa de una vez, sino de toda la vida

A las celebridades les cuesta mucho trabajo salir del clóset porque hacerlo es un acto público que no tiene marcha atrás y que, en muchos casos, ha significado el fin de su carrera profesional a causa de la discriminación en los medios de comunicación. Pero esto no es exclusivo de los famosos.

Lo cierto es que para las personas LGBT, en general, salir del clóset es un acto que se repite día con día, sea al conocer nuevos compañeros de trabajo, con la familia, al hacer trámites administrativos o incluso al viajar. Además, cuando a un homosexual le preguntan por su estado civil o su pareja, la respuesta no es un simple acto informativo sobre la persona con quien comparte su vida, sino que conlleva una revelación que puede o no causar una reacción positiva, puede o no provocar un cambio de trato y, sobre todo, suele implicar que a partir de ese momento se le defina exclusivamente como homosexual. En otras palabras, ya no se le ve como un compañero de trabajo sino “el compañero de trabajo que es gay”, o en vez de ser el familiar de un amigo es “la hermana lesbiana de mi amigo”. Por eso, decirlo una vez o decirlo mil veces siempre es un acto de valor.

 

2. Reconocer a una pareja LGBT no debiera ser la última opción para la sociedad

Algo que los heterosexuales dan por sentado es lo fácil que es obtener reconocimiento como pareja. Usualmente, cuando un hombre y una mujer llegan a una reunión con gente desconocida, otros invitados automáticamente asumen que son novios, esposos o que tienen cualquier otro tipo de relación socialmente aceptada y reconocida. Mientras tanto, a una pareja LGBT suelen preguntarle si son hermanos, amigos, primos, vecinos, compañeros de trabajo o lo que sea antes de reconocer que existe la posibilidad de que sean pareja. Esto, más allá de causar en ocasiones gracia, sobre todo cuando los miembros de la pareja tienen rasgos físicos tan opuestos que la idea de una relación de consanguinidad resulta bastante disparatada, refleja la falta de reconocimiento que aún existe en torno a la relación de pareja, de familia y de amor que puede existir –y existe– entre personas del mismo sexo.

 

3. El orgullo gay es cuestión de dignidad

Mucho se ha dicho sobre la celebración del orgullo gay (gay pride), pero para entenderla primero hay saber qué elementos la definen. Primero, es un acto de memoria. En él se recuerda la discriminación, la violencia y el abuso a los que se sometió a la comunidad LGBT el 28 de junio de 1969 en una redada realizada en Stonewall, un bar gay en Nueva York.

El orgullo gay es también una manifestación. Su meta es instar a la tolerancia y generar conciencia en torno a los derechos LGBT que son, ante todo, derechos humanos. Asimismo, es un acto de visibilidad. A través de él, la comunidad LGBT levanta la cabeza para mirar al mundo a los ojos y decir con orgullo: “No me voy a avergonzar por ser lo que soy”. Por eso, hablar de orgullo gay es hablar de dignidad humana.

 

4. El acrónimo LGBT ha crecido a LGBTTTIQ y puede crecer más

Desde que la comunidad LGBT comenzó a luchar por sus derechos en la década de 1970, lo ha hecho por los derechos de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales. Tales derechos han incluido desde la despenalización de la homosexualidad, la eliminación de la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales de la OMS (17 de mayo de 1990) y la lucha contra la discriminación, hasta la posibilidad de contraer matrimonio por lo civil y de adoptar. Esta lucha común ha sensibilizado a la comunidad LGBT ante la diversidad; por eso, conforme ha alcanzado ciertas metas, ha acogido a otros grupos que si bien son distintos, sus derechos y existencia también merecen ser reconocidos. De ahí que el acrónimo LGBT haya crecido a lo largo de los últimos años para respaldar a personas transgénero, travestis, intersexuales y queer

 

5. Existe población LGBT en todo el mundo

Los grupos conservadores generadores de discriminación y odio argumentan que no se debe reconocer la homosexualidad porque ello conlleva la “aparición” de homosexuales o la “conversión o transformación” de heterosexuales en homosexuales. Nada más lejano de la realidad. La razón por la cual hoy en día es más probable convivir con personas LGBT o que éstas se presenten como tales es la visibilidad y el reconocimiento de derechos que ha permitido que se pierda un poco el miedo a decirlo y a expresarlo abiertamente. Pero cada una de esas personas ya era LGBT antes de manifestarlo y lo sería incluso si no lo dijera.

Prueba de que la represión es lo que obliga a las personas LGBT a mantenerse en el armario es el lamentable hecho de que en 72 países la homosexualidad es considerada un delito. Ahí, es perseguida y castigada con cárcel o penas físicas (en Uganda, Zambia, Tanzania, la India, Barbados y Guyana las penas van desde los 14 años de prisión hasta cadena perpetua), pero lo más grave es que en lugares como Irán, Arabia Saudita, Yemen, Sudán, Somalia, Nigeria, el norte de Siria y el noroeste de Irak, la homosexualidad se castiga con la muerte. 

En el resto del mundo hay muchas naciones en las que la comunidad LGBT es objeto de rechazo social, discriminación y acoso, incluso si la homosexualidad no es perseguida por la ley. Asimismo, solamente nueve de los países que reconocen los derechos de los homosexuales contemplan en su constitución la no discriminación por razones de orientación, y únicamente Brasil, Ecuador y Malta prohíben las terapias de conversión (tratamientos que pretenden “reconducir” la orientación sexual de una persona).

 

Así, aunque existe población LGBT en todo el mundo, la homofobia mantiene a las personas en el miedo y el silencio. Incluso las obliga a llevar vidas ajenas a su naturaleza y, en muchos casos, a formar uniones matrimoniales en las que no desean estar. Por eso es importante comprender que la negación de los derechos y la opresión no desaparecen lo que es natural, simplemente lo ahogan.

 

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