El primer sutra para la Era de Acuario: reconoce que el otro eres tú

Beantpal Singh / 2017-06-07

En la entrega de la semana pasada hablé sobre la nueva era que vivimos desde el 2011: la Era de Acuario. En esta era se nos invita a actuar desde el alma y para lograrlo el maestro Yogi Bhajan nos dejó cinco sutras para vivir en armonía con los tiempos acuarianos. Aquí hablo del primero: reconoce que el otro eres tú.

 

Las diferencias nos hermanan. Reconocer que quien está frente a mí soy yo es una invitación a observar y relacionarnos de una manera más profunda con los demás. Revisa qué de lo que hace o dice esa persona que “jala de tus gatillos” te incomoda más. Ahora, ponte a trabajar en ello, en ti: ¿por qué te molesta?, ¿qué es lo que te dispara? Puedes hacer lo mismo para las cualidades de aquella persona que amas, sientes empatía o admiras. Voltea de nuevo hacia ti: ¿por qué te agrada tanto eso que te gusta de ella?, ¿qué de eso hay o no en ti? Somos espejos y reflejos de los demás. Nuestra mente se proyecta en las virtudes o errores de los otros. De manera automática, se identifica tanto con lo que “le checa”, “le choca” o aquello de lo que carece y lo reduce a un juicio de “me gusta” o “no me gusta”.

 

Este sutra nos invita a entender que hay algo más allá del gusto o disgusto, que de hecho resulta absurdo calificar o juzgar al otro desde ese “yo” pisciano de visión limitada. Nos propone derrocar las barreras y la separación que hay entre el “yo” y el otro para entender que todas las personas compartimos un origen común; esa luz originaria de la que ya hemos hablado y que es de naturaleza divina e infinita.

 

En cada respiración que das, el universo cambia y se expande. En cada paso que avanzas, el mundo se transforma, en cada situación que vives, existe algo que nos unifica y hace corresponsables de y con los demás. Cada acción forma parte de una interconexión de acontecimientos que repercuten en la sociedad y el Cosmos. Ésta es la razón de la frase acuariana “piensa global, actúa local”.

 

Al reconocer que el otro eres tú, puedes relacionarte con él o con ella desde ese espacio de unicidad y quietud que rebasa las polaridades. Entonces te abres a escuchar con atención, a conocerte de una nueva manera. Desde la interacción entre almas humanas, aceptas y validas su y tu existencia más allá de preferencias o creencias religiosas, políticas, sociales, económicas, intelectuales, formas de ser, estilos de vida, etc; entonces te permites hablar y actuar desde un espacio neutral, un espacio donde lo único que existe es luz y sus diversas formas de manifestarse, sin barreras, con claridad y comunicación consciente. A fin de cuentas, siempre hemos compartido nuestro origen, compartimos nuestro paso por la Tierra y compartiremos nuestro final. Como canta Tom Waits:

 

¿Qué importa / un sueño de amor o un sueño de mentiras? / Todos nosotros vamos a estar en el mismo lugar cuando muramos / tu espíritu no te deja sabiendo / tu cara o tu nombre / el viento a través de tus huesos será todo lo que queda /  […] todos nosotros vamos a ser sólo polvo en la tierra.

 

Así de fuerte, así de real. Entonces, ¿por qué darle cuerda al viejo juego de poderes piscianos...?

 

Ya sea desde la óptica espiritual o materialista, hay una conexión entre todas y todos nosotros, estamos hechos de la misma materia que el universo y como almas que viven su experiencia humana, compartimos también sentimientos, emociones, sueños, deseos... Somos seres diversos de la misma especie, del mismo “tipo” –en inglés: kind–. Una derivación de este vocablo nos brinda la clave para convivir en armonía: kindness o generosidad, bondad. Al tratarnos con bondad, establecemos reciprocidad, reconocemos nuestro origen común y aceptamos nuestras diferencias. Al reconocernos –volvernos a conocer–, abrazamos nuestro lugar como criaturas únicas de la Creación y hermanadas en ella.

 

Este sutra propone un cambio de mirada: una mirada hacia adentro. A ver con plena conciencia el origen y la vibración de cada uno de nuestros pensamientos, palabras y sentimientos hacia nosotros para comprender nuestra forma de ser con los demás y viceversa. La próxima vez que veas a esa persona que “te jala el gatillo” o a esa otra que “te embelesa”, vela como una maestra o un maestro, agradécele a ella y al infinito la oportunidad de re-conocerte en el otro y desde ahí sanar y evolucionar en tus formas de actuar ante la vida. Entonces podremos entender aquella máxima de un ser nacido en la Era de Piscis, pero que tuvo mucho de acuariano: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Que así sea.

 

Sat Nam. 

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