Celebra el yoga… aunque no seas yogui

María Elena Esparza / 2017-06-21

El 21 de junio es el Día Internacional del Yoga. Así lo designó la ONU en el 2014, para reconocer su valor y aportaciones sociales. Por supuesto, para quienes amamos esta disciplina es una fecha superespecial en la que celebramos formar parte de un linaje que se remonta miles de años atrás. Subimos fotos a nuestras redes, exaltamos todos los beneficios de la práctica y, como además coincide con el solsticio de verano, hacemos rituales para atraer buena vibra al nuevo ciclo.

 

Pero esta vez quiero invitarte a ti, que nunca has hecho yoga, que tal vez hasta te da flojera y estás seguro de que jamás te subirías a un mat, a que celebres esta fecha. ¡No busco que vayas a clase o que hagas algo que de entrada no te interesa! Mi invitación es a descubrir cómo la filosofía del yoga forma parte de lo cotidiano y de qué manera puede ayudarte a vivir con mayor intensidad y bienestar.

 

Así que aquí van cinco formas en las que puedes festejar el yoga, aunque no seas yogui:

 

1. Habita el presente

¿Cuánta de tu ansiedad proviene de tratar de resolver el futuro o de imaginar problemas que ni siquiera existen todavía? ¿Qué tanto estrés te genera estar pensando lo que “hubiera” sido mejor ayer, antier o hace 10 años? El poder del aquí y el ahora te libera.

 

2. Cuídate mucho

Sólo tienes un cuerpo. Eso es obvio, pero a veces parece que se nos olvida y lo descuidamos. Dejamos de alimentarlo a sus horas y con comida nutritiva, le negamos el descanso que requiere para reponerse, lo lastimamos con excesos o malos hábitos. Cuidarlo es quererte, así de fácil.

 

3. Sé compasivo

Hay un principio en yoga llamado “ahimsa” que se refiere a la no violencia. Una forma sencilla de aterrizarlo es ese dicho de tratar a los demás como te gusta que te traten a ti. Es un concepto que va más allá de no dañar físicamente a los demás y a nosotros mismos. Se trata de respetar a todos y entender que somos parte de lo mismo.

 

4. No te compares

Tu camino es personal, tiene su propio ritmo, alcances y límites. Ver en los demás a un competidor no es buena idea, compararte todo el tiempo con tus amigos, familiares o compañeros de escuela o de trabajo y medir tu éxito con base en los parámetros de otros —o peor: lo que ellos muestran en sus redes sociales— es altamente nocivo.

 

5. Reconoce tu esfuerzo

A veces, no hay peor juez que tú mismo. Te exiges tanto, te criticas tan duramente y te concedes tan poco margen de error que todo tu ser se empieza a cargar hacia la negatividad. Antes de dormir regálate siempre un reconocimiento, aun en los días más complicados. Verás el efecto de esta sencilla costumbre.

 

NAMASTE.

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