Viajar con conciencia por un turismo sustentable

Paulina Sánchez / 2017-07-05

La capacidad de un individuo de procesar la información de su entorno de manera activa lo convierte en partícipe, promotor y protector de las culturas a las que visita cuando viaja. Lamentablemente, durante años el concepto de turismo ha promovido que la persona que se desplaza de su sitio de origen a otro territorio para vacacionar sea meramente un visitante que toma lo que puede del sitio al que arriba. Al hacerlo, su meta es generar la experiencia más memorable y única, antes de volver a casa con el “pedacito” que pudo arrancar de esa fugaz incursión.

 

Lo anterior ha derivado en un turismo avasallador que olvida que el mundo no es sólo el habitado por uno, sino aquel que habitan todos los seres humanos; es decir, incluye el entorno que se deja atrás cuando se empacan las maletas, así como el que se descubre al desplazarse a otras latitudes. Esos espacios, los que parecen no pertenecernos, reciben las consecuencias de nuestras visitas y, por ende, se desgastan poco a poco hasta que los destinos de ensueño que se promocionan en las guías de viaje ya no pueden prometerse a otras generaciones porque acaban por contaminarse, destruirse o perder su autenticidad. 

 

Lo anterior no sólo incluye los espacios naturales sino también el patrimonio construido que se utiliza como mero escenario fotográfico, la gastronomía que se adapta para que agrade a un público extranjero, los trajes típicos que se visten meramente como disfraces y las fiestas, danzas o rituales que se ornamentan con curiosidades para que “vendan más”. Así, la identidad de una cultura se desdibuja poco a poco, los entornos naturales sufren estragos y el turista se empapa de fachadas y espectáculos de los cuales se lleva solamente un souvenir.

 

Quienes viajan con conciencia (o con mindfulness) promueven un tipo de turismo totalmente distinto. En él se invita a los individuos a generar un sentido de pertenencia con los lugares visitados, observar las culturas locales y generar empatía con sus costumbres y formas de entender el mundo. Lo que se busca es la conciencia de la experiencia y no la experiencia en sí misma. Viajar con mindfulness consiste en trasladarse fuera del hogar para adquirir nuevas perspectivas; es compartir la propia visión del mundo con otras personas e intentar comprender en vez de “conquistar” espacios. Un viajero consciente o mindful es capaz de admirar el patrimonio histórico, gastronómico e inmaterial de cada destino y gozar al estar expuesto a lo diferente y lo nuevo en lugar de luchar por confirmar sus expectativas de la experiencia. 

 

Viajar con conciencia es, sobre todo, la clave para asegurar la conservación de los espacios a través del turismo sostenible y viceversa, conservarnos a nosotros mismos a partir de esa experiencia. Es la actividad por medio de la cual viajeros y anfitriones colaboran para realizar un intercambio de conocimientos, vivencias y formas que nos enriquecen mutuamente.

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