Sobre la transmutación de la energía sexual

Harmonía / 2016-12-17

Como ha quedado más que claro desde Freud, la energía sexual puede dominar consciente o inconscientemente la vida de una persona. Si no somos capaces de darle buen cauce a este impulso, que por una parte recoge nuestro más puro instinto biológico de supervivencia y por otra recoge nuestra más pura aspiración espiritual de trascendencia, es probable que padezcamos numerosos malestares, frustraciones o disipaciones (de nuestra energía y de nuestra atención). Es por ello que diferentes tradiciones han utilizado diversas técnicas para canalizar la energía sexual, muchas de las cuales son estudiadas en el libro Metafísica del sexo de Julius Evola, el gran erudito italiano. Escribe ahí Evola:

La fuerza del sexo se encuentra en la raíz misma del individuo vivo y cae en una ilusión quien cree poder realmente suprimirla. Como máximo, es posible reprimirla en sus manifestaciones más directas, con lo que sólo se conseguirá alimentar los fenómenos de una existencia neurótica y escindida... Pero la verdadera alternativa frente a la fuerza del sexo es esta: afirmarla o transformarla. Y cuando no se está en capacidad de obrar la transmutación, desde el punto de vista espiritual es desaconsejable la represión; ésta puede conducir a contrastes internos paralizantes, a disipaciones de energía, a peligrosas transposciones

 

Así que en primera instancia lo mejor parece ser tratar de que nuestra sexualidad se exprese naturalmente y, si estudiamos dentro de cierta tradición, luego podemos utilizar esa expresión para lograr una transformación integral que la libere y nos libere de su tensión. Dice Evola que ocurre con algunos místicos y ascetas que al transmutar la energía sexual se liberan de tener que "combatir con la carne", no se produce una "aversión puritana" sino más bien "la indiferencia y la calma". Existe por otro lado la vía de la transformación, ligada sobre todo al tantra, en la que, si bien también el individuo se libera de las agitaciones del sexo, se utiliza la fuerza sexual como un caudal que conduce la energía y permite purificar el cuerpo o tener experiencias que elevan la conciencia. El sexo se pone al servicio de la liberación, el cuerpo es el vehículo del espíritu. Se dice también que los jugos o líquidos vitales deben transmutarse y de ser energía vital, pasar a ser energía espiritual.

 

Julius Evola describe las prácticas de transmutación como aquellas que tienen el fin de "trascender la propia condición humana, en una regeración efectiva, en un cambio de estatus ontológico". Así, la transformación sexual es siempre también una alquimia. 

 

Algunas de estas prácticas de transformación se realizan con parejas, pero muchas son internas. Se tiene una experiencia sexual, pero en lo que el estudioso del tantra André Padoux ha llamado un "cuerpo imaginal". Por ejemplo, en la práctica del despertar de la energía vital kundalini en el yoga se realiza un acto sexual interno, a sabiendas de que el ser humano es arquetípicamente hermafrodia; la kundalini representa la energía femenina divina que se une sexualmente con la energía sexual masculina: de la unión se genera un estado de conciencia exaltado, en el cual se suelen presentar visiones de unidad cósmica.

 

Los practicantes que se han liberado de los impulsos más groseros del sexo también suelen entrar en una percepción no-dual en la que no es indispensable realizar el acto material, sino que pueden gozar de los diferentes polos de la energía que existen en su propio cuerpo sutil.

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