Sexo y días lluviosos, ¿por qué se llevan tan bien?

Harmonía / 2016-04-19

Inicia la temporada de lluvias y nuestras redes sociales se llenan de comentarios tipo "El día está como para quedarse en cama con alguien" o "Con este clima y yo soltero/a", cosas por el estilo con las que además generalmente concordamos. Pero, ¿de dónde hemos sacado que la lluvia es igual a ganas de tener sexo? No, no se trata de una percepción aislada, el 83% de las personas considera que los días lluviosos aumentan su disponibilidad sexual. 83% es una cifra muy alta como para que se trate de una coincidencia. ¿Será algo biólogico? ¿Acaso la lluvia nos provoca deseos de reproducirnos?

 

La realidad es que no existe una relación biológica o "natural" entre los días lluviosos y el sexo, pero sí cultural y tiene que ver lo que consideramos "romántico" en la cultura occidental (es muy poco probable que en países africanos donde caen monzones la gente asocie la lluvia con sexo). Más que sexuales a secas, consideramos que los días lluviosos, con su poca luz y el sonido del agua golpeando las ventanas, crean un ambiente romántico que se nos antoja compartir con alguien. El tipo de sexo que tenemos en mente en un día lluvioso rara vez es salvaje, al contrario, lo fantaseamos intenso y apasionado con una fuerte conexión emocional.

 

¿Por qué asociamos la lluvia al romance? Bueno, podemos culpar a la educación sentimental que recibimos del cine rosa hollywoodense, escenas de besos y sexo bajo la lluvia las hay por montones. Sin embargo, es muy probable que esta percepción cultural se deba al verdadero Romanticismo, no el de las velas y el champán, si no el de inicios del siglo XIX, una corriente artística que encumbraba el amor apasionado y rara vez correspondido, en la que los héroes y heroínas se presentaban como seres emotivos y atormentados. Y sí, tanto en su pintura como en su literatura, había mucha lluvia y cielos nublados que intentaba representar el alma atribulada de los artistas. 

 

De ese romanticismo artístico lo que nos queda es la sensación de que la lluvia afecta nuestras emociones, poniéndonos más sensibles y, por lo tanto, en una mayor disposición para conectar físicamente con los demás. 

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