Por qué el estereotipo de la masculinidad es la principal causa de muerte para los hombres

Harmonía / 2016-08-31

 

En algunos países, México incluido, ser hombre viene con toda una serie de conceptos o paradigmas sociales que pueden ser muy dañinos. Entre ellos la idea de que el hombre no se queja ante el dolor, que no se enferma y que mostrar sus emociones (de afecto y vulnerabilidad) es un signo de debilidad. Lo anterior sumado a la violencia y al uso de sustancias que se acentúa entre hombres jóvenes, hace que los hombres mueran más que las mujeres y tengan una menor expectativa de vida.


El Dr. Juan Guillermo Figueroa, profesor del Colegio de México e investigador de la UNAM, coloca sobre relieve esta situación en México, donde se puede hablar ya de una especie de "epidemia" cuya causa de muerte son los estereotipos de género, esta educación sociocultural colectiva que ignora cuestiones finas de la salud a favor de los aspectos más burdos de lo que se espera que sea la masculinidad. Figueroa señala que la expectativa de vida de las mujeres es de 77 años y la de los hombres es de 72 en México; sin embargo, en el caso de los hombre esta expectativa está disminuyendo lo cual es inusitado y síntoma de una gran crisis (en la modernidad un descenso en longevidad se observa sólo en países asolados por la guerra o catástrofes).

 

Figueroa señala que las principales causas de este caso tiene que ver con lo que se conocen como los rituales de paso para los varones, en los cuales los hombres son motivados a consumir alcohol, drogas y participar en conductas violentas. Estas "iniciaciones" son sumamente peligrosas y producen gran cantidad de muertes entre jóvenes, ya sea por asaltos o por accidentes. Según Figueroa estos ritos deben considerarse como "violencia de género".
Otro problema tiene que ver con que los hombres no piden ayuda y no se acepta que pueden ser víctimas. La condición de ser víctimas de género para un hombre y manifestarlo abiertamente es algo que casi no se observa. El hombre se acostumbra entonces a "aguantarse". Esto deriva también en casos frecuentes en los que hombres buscan asistencia médica muy tarde. 

 

Un caso puntual de esto tiene que ver con la exploración de la próstata para prevenir el cáncer; campañas similares para prevenir cáncer uterino o de senos, en las mujeres son mucho más efectivas. Esto, según Figueroa, porque existe una versión desvíada de lo que es la masculinidad en la que los hombres consideran esta inspección como una forma de penetración y de emasculación. A la par el problema se exacerba por el hecho de que los hombres no exploran su propio cuerpo; según Figueroa en México los hombres hablan y se jactan de sus testículos pero cuando les pregunta datos anatómicos descubre que nos los han explorado. Una campaña dice "Por meterte mano nadie ha muerto, pero de cáncer sí". Está claro que en México existe mucha homofobia. 

 

Lo anterior sugiere que es necesario repensar la masculinidad y considerar un nuevo paradigma para poco a poco implementarlo en los programas educativos y sociales. La noción del hombre como una persona supuestamente tan fuerte que no muestra sus emociones y es capaz de aguantar cualquier cosa sin mostrar debilidad, vulnerabilidad y a veces ni siquiera asomo de afecto es francamente anticuada. 
 

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