Honestidad y amor: cómo admitir mis emociones me consiguió una pareja

Camila Martínez / 2017-06-08

Nuestra generación ha reinventado la forma en que nos relacionamos con los demás. Después del éxito de las aplicaciones para conocer personas, como Tinder, Badoo, Grindr, Happn y un largo etcétera, los vínculos afectivos se han modificado bastante, y parece que es cada vez más común sentirnos confundidos entre tantas variaciones.

 

Al menos, muchas de mis amigas y yo misma nos hemos encontrado en situaciones bastante incómodas donde expresar nuestras dudas y necesidades parece que no es un derecho. Por ejemplo, hablar de compromiso con las parejas que tenemos o esperar cierta correspondencia de parte de la gente con la que salimos. Incluso, dudar si podemos quedarnos en su casa un tiempo después de tener relaciones o si debemos marcharnos de inmediato.

 

Por eso quiero escribir un poco sobre la importancia de admitir cuando algo nos gusta y de ser honestos con nosotros mismos y los demás.

 

Es muy común que si empezamos a salir con una persona, distintas emociones nazcan en nosotros. Así, por ejemplo, podemos sentir anhelo de ver a alguien o podemos imaginar cómo sería presentar a esa persona que vemos los viernes con nuestra familia. Y esto no está mal. Sin embargo, la sociedad nos puede hacer pensar que es incorrecto despertar una curiosidad por algo distinto con la persona que nos gusta, y que debemos conformarnos con algo casual. Después de todo, es lo más fácil y común: mantener todas las relaciones en términos de lo casual.

 

Personalmente, relacionarme siempre manteniendo una distancia que a veces quería destruir terminó por agotarme. Estaba cansada de escuchar a diferentes parejas decirme que no querían nada serio conmigo (siempre después de pasar la noche o todavía más tiempo a mi lado), y también estaba harta de convencerme a mí misma de que no debía emocionarme ni encariñarme con nadie. Comencé a sentirme vacía y francamente utilizada. Por eso decidí modificar mi manera de relacionarme y empezar a reconocer lo que me gustaba y quería para mí.

 

Fue así que modifiqué mi manera de presentarme con la gente que me resultaba atractiva, y –tal como lo habían advertido en mi preparatoria católica– resguardé mi cuerpo y mi tiempo para las personas que realmente estaban interesadas en mí. La sorpresa fue que al poco tiempo (muy poco, apenas unas cuantas semanas) conocí a un chico al que le dije de manera clara y honesta “no quiero sexo casual, estoy cansada de eso. Lo que busco ahora es una relación de respeto”, y después permanecí en silencio esperando lo peor. Como era la primera vez que me presentaba de esta forma, creí que simplemente saldría corriendo.

 

Por suerte (y contrario a lo que esperaba), este chico me correspondió de inmediato y me ofreció tener una relación, pues me consideraba “una chica que merecía respeto”. Pasé varios días sin poder creerlo, hasta que empecé a reflexionar sobre lo que había pasado:

 

No era magia ni algo tan complejo. Obtuve lo que quería porque fui honesta conmigo misma y con las demás personas. Reconocí lo que me gustaba y aprendí, de manera natural, a rechazar todo lo que no se aproximara a mis propósitos. Hasta que pronto encontré una persona que me emociona y que se emociona conmigo. Tal como debería de ser, al menos para mí en este momento particular de mi vida.

 

Ahora sé que puede que no sea él la persona con la que permaneceré el resto de mi vida, pero al menos podremos construir algo fuerte y honesto, que me llenará de placer y equilibrio mucho más que otras tantas relaciones casuales, llenas de inseguridad. Quisiera recomendarle a las personas que leen esto que sean francas consigo mismas y que no tengan miedo de expresar lo que quieren para ustedes. Todos merecemos estar en donde queremos estar, y nuestras decisiones deben encaminarnos a ello.

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