Para qué tener sexo (una sexualidad más allá de la biología)

Harmonía / 2016-07-24

Entendemos claramente que el sexo tiene una función biológica --es la forma a través de la cual numerosas especies animales logran perpetuarse. Pero en el caso del ser humano, que añade a su experiencia una dimensión no sólo biológica y material, sino mental y espiritual (al menos en tanto a que se piensa a sí, no necesariamente como una diferencia ontológica), el sexo también se presenta con una función psicoemocional y espiritual. El primer aspecto puede estar ligado a los "trucos afrodisiacos" con los que la vida misma nos seduce para perpetuarnos; así incluso el amor podría considerarse algo que la biología nos hace creer sentir para que asegurarse de que nos reproduzcamos. En el caso espiritual, esto es por definición aquello que busca trascender los límites ordinarios de la biología y entonces en su aspecto espiritual el sexo tendría que tener una función ligada a la trascendencia y así escapar de la urgencia biológica o sublimarla. 

 

El sexo en su dimensión material más básica une a dos personas, une sus cuerpos, sus líquidos corporales; en un aspecto psicoemocional forma lazos de afección y brinda seguridad emocional; podemos sugerir, junto con las tradiciones místicas que en un plano espiritual también efectúa un tipo de unión, pero ya no solamente entre dos personas, ni tampoco como la fusión de las dos personas en una unidad o en un tercer ser que es la unidad de las dos, sino que acerca a cada a una un principio universal en el que la individualidad y la separación se aniquilan. En la alquimia se utiliza la imagen del andrógino; esto es, el principio masculino y femenino reunidos en cada uno. Esta androginia ocurre como un estado avanzado de purificación en el que se reestablece en el interior del ser humano su estado original -- nos dice la Cábala que Adán, como arquetipo, era un ser andrógino y de hecho todos los seres tenemos los dos principios más o menos diferenciados, y ciertamente no se puede hablar de un masculino absoluto o un femenino absoluto. Asimismo, la hatha yoga se basa en la unión del polo masculino representado por el Sol con el polo femenino representado por la Luna; una imagen que vuelve a ocurrir en la alquimia, donde la piedra filosofal, o el alma regenerada, es la hija del Sol y la Luna.

 

Como señala Maya D'Aoust, ex bibliotecaria del Philosophical Research Society, la escuela fundada por el filósofo y místico Manly P. Hall, los yoguis tántricos, en sus diferentes manifestaciones, ya sean tibetanas o hinduistas, llega al entendimiento de que "sus cuerpos podían llevarlos a Dios" y esto incluye el acto sexual --a diferencia del misticismo occidental, que salvo algunas excepciones es más recatado, asociando el cuerpo con el pecado luego del cristianismo.

 

Explica D'Aoust que "la sexualidad tántrica está puramente concentrada en realizar una unificación. El sexo es básicamente un acto alquímico de unificación de los opuestos, masculino y femenino en la culminación del Mysterium Conjunctio". Hay que mencionar que el mysterium conjunctio es un término utilizado por Jung como la culminación de la alquimia psicológica, por lo cual esta unión de lo masculino y femenino puede ocurrir también sin el sexo, en una alquimia interna, utilizando técnicas de respiración y meditación; algo que ocurre igualmente en el tantra donde las mayoría de las veces las uniones sexuales entre las deidades y sus consortes son sólo simbólicas --la unión del método con la sabiduría-- y representan una unión interna. Pero, como estas prácticas buscan eliminar toda dualidad, la unión sexual externa también se practica. 

 

"El sexo es realmente una forma de la materia prima, el origen primordial, ya que es a través del sexo que somos creados, entonces es también a través del sexo que podemos reunificarnos con nuestra fuente", dice D'Aoust. Existe la noción de que el ser humano y todos sus actos son de alguna manera representaciones del cosmos, del cual el ser humano es una imagen o microcosmos y así en el acto sexual está también la creatividad del universo y los mismos principios universales que existen a lo largo y ancho del espacio. 

 

Todo lo anterior nos permite empezar a concebir una sexualidad no basada solamente en el placer, en la reproducción e incluso no sólo en el bienestar, sino que también desde una aspiración yóguica, tántrica, alquímica o gnóstica, que busca desvelar las realidades espirituales del ser y conocer los secretos del cuerpo que es el vehículo supremo, si los hay, para entrar en contacto con lo divino. Darle este significado más alto al sexo, permite que la experiencia sea más sutil y que se tenga conciencia del manejo de energía que siempre es parte del sexo, tengamos una orientación espiritual o no. 

TODOS LOS COMENTARIOS SUMAN, #HAGAMOSCOMUNIDAD:

Te podría interesar

Te podría interesar