Dar sexo oral a una mujer podría beneficiar tu sistema inmune

Paulina Sánchez / 2017-09-14

Aunque parezca difícil creerlo, por cada célula humana en el cuerpo, 1.3 células pertenecen a los microorganismos que habitan en nosotros, incluyendo virus y bacterias. Si bien esto no suena muy atractivo, en realidad nos convierte en un ecosistema maravilloso en el que cada parte trabaja para mantener el equilibrio indispensable para la vida.

 

Basta con pensar en fenómenos como el orgasmo, en el que participan músculos, terminaciones nerviosas, la mente, el sistema nervioso central, el aparato circulatorio (¡y más!), para recordar lo complejo y sorprendente que es el cuerpo y lo mucho que se puede disfrutar si nos damos la oportunidad de entenderlo y, por supuesto, lo cuidamos.

 

Ahora bien, una de las maneras en las que las mujeres pueden llegar al orgasmo es a través del sexo oral y éste, según la ciencia, podría aportar beneficios no sólo para quien lo recibe sino también para quien lo da. Más allá de lo excitante que sabemos que puede resultar para ambas personas, varios especialistas están estudiando el sexo oral desde otra perspectiva: la de las bacterias.

 

La flora vaginal es la población de bacterias buenas que habita, precisamente, en la vagina y que sirve como un ejército que previene el crecimiento de bacterias dañinas causantes de infecciones a través de la producción de ácido láctico –mantiene un ambiente ácido en la vagina– y peróxido de hidrógeno –mata a las bacterias malas–. De manera interesante, el 70% de estas bacterias buenas pertenecen a la familia de los lactobacilos, los cuales, como se sabe, se encuentran en los alimentos probióticos, es decir, aquellos que contienen bacterias intestinales necesarias para que los órganos digestivos funcionen correctamente.

 

Algunos de los beneficios de los probióticos incluyen incrementar los niveles de energía, reducir los niveles de colesterol malo, aliviar los síntomas del intestino irritable, reducir los síntomas de trastornos digestivos asociados al estrés, favorecer la generación de enzimas naturales y evitar el crecimiento de hongos, entre otros. Por ello, los científicos han buscado todas las fuentes de bacterias buenas existentes y han descubierto que una de ellas podrían ser los fluidos vaginales.   

 

La doctora Helena Mendes-Soares de la Clínica Mayo es quien más ha tratado el tema, aunque ha advertido que no hay estudios suficientes para garantizar que el fluido vaginal pueda fungir como fluido probiótico. De acuerdo con Mendes-Soares, el fluido vaginal contiene de 100 mil a 100 millones de células de lactobacilos por gramo. Esta gran diferencia hace que, para que equivalieran a una porción adecuada, se tendrían que digerir desde 10 gramos hasta 10 kilos de fluido vaginal. Mientras que la primera cantidad es razonable, es evidente que el segundo caso sería imposible de alcanzar.

 

Por otra parte, para garantizar sus beneficios, el fluido probiótico tendría que viajar hasta la parte baja del intestino sin que lo disolviera el ácido estomacal. Para lograrlo, habría que tomar en cuenta un estudio realizado en el 2005 en el que se demostró que la presencia de glucosa en los jugos gástricos protege a los lactobacilos mientras viajan por el tracto gastrointestinal. Entonces, si se ingirieran ciertos carbohidratos complejos antes de ingerir los fluidos vaginales, el cuerpo podría estar preparado para recibir a los lactobacilos y transportarlos a su destino sanos y salvos.  

 

Algunos científicos como Cecilia Westbrook han llevado esta teoría hasta el punto de experimentar en la cocina produciendo yoghurt, pan de masa fermentada y cerveza con secreciones vaginales, pero quizá sea mejor esperar a que se realicen más pruebas en laboratorio antes de cruzar esa línea.

 

Mientras tanto, la manera más natural de ingerir probióticos es añadiéndolos a nuestra dieta en forma de alimentos como kéfir, chucrut, yoghurt, chocolate negro o tempeh.

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