Cómo el deseo sexual puede ser un vehículo para el desarrollo espiritual

Harmonía / 2016-03-22

La energía sexual es esencialmente una expresión de la creación y durante siglos el hombre ha intentado de canalizar su energía primaria para transformarla en un flujo creativo más elevado. Desgraciadamente la visión de nuestra cultura sobre la sexualidad y el cuerpo no tiene nada que ver con esta idea y  nos condiciona en todos los niveles de nuestra existencia. Las ideas preconcebidas de cómo debemos experimentar el sexo y la sensualidad nos ha llevado a todo tipo de distorsiones, bloqueos y sufrimiento. 

 

Muchos de los conflictos sobre la sexualidad y la experiencia del cuerpo en general es que lo  percibimos con un obstáculo para el desarrollo espiritual, no como un vehículo para la iluminación. Pero ¿qué tal si lo fuera?  Pensamos en la sexualidad y la espiritualidad como opuestas, pero en realidad son expresiones del flujo de una misma energía. Han sido muchos los sabios y místicos involucrados en dilucidar cómo lograr que la energía primordial que rige nuestros deseos sexuales se sublime en un éxtasis con la divinidad en lugar de ser expresada físicamente.

 

Esta transformación (tantra) o alquimia sexual no se trata de negar el sexo, ni de reprimirlo o abusarlo, sino de aceptar la sexualidad como parte de nuestra naturaleza. Sin reducirnos simplemente a eso, ya que somos seres de múltiples aristas, aspectos y dimensiones. En palabras de Osho: 

 

“El Tantra dice: Acepta lo que eres. Eres un gran misterio y muchas energías multidimensionales. Acéptalo y con cada energía muévete con profunda sensibilidad, con conciencia, con amor, con comprensión. ¡Muévete con ello! Entonces cada deseo se convierte en un vehículo para ir más allá. Entonces cada energía es una ayuda. Entonces este mundo es divino, este cuerpo se convierte en un templo, un templo sagrado, un lugar sagrado”

 

La cuestión es que el acto sensual despierta un instinto primordial de alerta. Un estado que es el primer estadío para una unión sexual trascendente. Sin embargo, casi todos permanecemos en esa dimensión sin ascender a los siguientes dos niveles: la unión consciente y la unión espiritual. Por lo tanto, el primer paso para avanzar en este sentido, sería profundizar en cómo las prácticas sexuales y la sensualidad de los sentidos pueden permitir la evolución de nuestra consciencia. Ya que son una forma de abrazar la vida libre de las restricciones y limitaciones del ego. En este sentido la espiritualidad erótica implica entender el deseo sexual no como una meta en si mismo sino un vehículo para el desarrollo del ser. 

 

Después de todo recuperar la inocencia y el gozo de nuestra sexualidad nos aleja de patrones guiados por la adicción o una desesperada búsqueda de placer. Los cuales, a su vez están relacionados con el apego que surge de una identificación excesiva con el cuerpo. Las adicciones suelen surgir cuando hay una combinación de condiciones que incluyen deseos reprimidos, necesidades insatisfechas y desconexión de la divinidad. Enraizar la sexualidad en una práctica espiritual sincera que estimule la consciencia de nuestra verdadera esencia y cultive la receptividad en nuestro corazón puede remediar las conductas adictivas y distorsionadas con respecto al sexo.

 

Con información de Science and NonDuality

 

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