Ortorexia: tu obsesión por comer sano podría estar enfermándote

Harmonía / 2016-03-17

No se puede negar que vivimos en una época en la que muchas de las cosas que comemos nos enferman y de hecho se puede poner en duda que sean comida real. Los alimentos procesados están llenos de modernos venenos: toxinas, exceso de azúcar, moléculas genéticamente modificadas, etcétera. Es por ello que el famoso "foodie" Michael Pollan recomienda: "si viene de una planta cómelo, si fue hecho en una planta no lo comas".

 

Paralelamente se han generado nuevas modas de alimentación, muchas de las cuales están basadas en evidencia polémica. Hoy en día cualquier cosa nos puede hacer alérgicos, producir inflamación o hasta provocar cáncer. Existen numerosas razones con las que se puede intentar explicar este complejo problema: nuestros alimentos cada vez son menos nutritivos, hemos perdido diversidad microbial, vivimos sumamente estresados, y así sucesivamente. La obsesión con la alimentación, sin embargo, ha llegado al extremo de convertirse en un problema de salud bastante serio para miles de personas.

 

En 1997 el médico Steven Bratman acuñó el término "ortorexia" para referirse al desorden alimenticio provocado por el deseo de ser, verse o comer correctamente. Casi 20 años después este desorden alimenticio ha crecido enormemente. 

 

Hoy en día con la sobreinformación en la que vivimos todos estamos siendo bombardeados con publicidad de comida orgánica, de "superfood", de estudios contradictorios que un día demuestran que la grasa engorda y luego refutan esto y comprueban que son los carbohidratos; un día estamos seguros que el aguacate es el mejor alimento del mundo, pero el día siguiente descubrimos que podría estar provocándonos migraña; un mes el gluten se convierte en el detonador de todos los desordenes mentales y el siguiente un nuevo estudio indica que es mayormente inocuo (salvo para el pequeño porcentaje que es celiaco). La nutrición no es una ciencia exacta, hasta el momento, y esto se ve agudizado por el hecho de que el consumidor se mueve en un terreno entrecruzado por un mercado salvaje de productos que se promueven utilizando todo tipo de estrategias para posicionarse en la mente del consumidor como "sanos" e incluso como la medicina alimenticia que resolverá todos los problemas (panaceas empaquetadas). Esto ocurre cuando uno le dedica demasiado tiempo a pensar en qué come. 

 

El caso de una persona que padece ortorexia no debe de tomarse a la ligera. Una nota de The Guardian narra el caso de una chica que llegó a la depresión,  incluso cerca del suicido, por la parálisis que le generó su obsesión por comer sanamente, luego de que de niña había padecido una alergia a la soya. La chica cuenta el horror que sentía cuando salió con un chico que la llevó a comer pizza. Después de la cita, la chica sintió la necesidad de auto-castigarse (el infierno puede ser una pizzería cuando crees que la pizza te hará daño pero no quieres quedar mal con alguien).

 

Muchas personas se someten a estrictas dietas pensando que son intolerantes a ciertos alimentos, los cuales podrían comer perfectamente. Al mismo tiempo, su perspectiva en torno a la comida se convierte en una tortura. Muchos de ellos pasan la vida pensando en lo que comerían si pudieran... Otros empiezan a tener problemas de salud al limitar demasiado sus dietas y perderse de importantes nutrientes. También es cierto que muchas personas sí se benefician de una dieta estricta evitando todo tipo de alergenos, pero en ocasiones su relación con la comida se desgasta (se pieder el placer, que es parte de la salud) y el componente psicológico es aún más dañino que la comida que evitan. El tema es ciertamente delicado, pero como siempre puede resolverse buscando un equilibrio --moderación incluso en la moderación. Y recordar que el ser humano no está en este mundo para dedicarle su vida enter a la comida: come para vivir, pero vive para conocer, amar, crecer y muchas otras cosas que son más importantes que definir que es lo que vamos a cenar. La comida debería de ser solamente la herramienta energética que permite que hagamos las cosas que queremos, no un fin en sí mismo.

 

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