La extraña conexión entre tu cerebro, tus bacterias y tu intestino

/ 2016-01-06

Uno de los conceptos por los cuales la medicina y la biología serán recordadas en el siglo 20 seguramente será el estrés, que ha sido llamado "el asesino silencioso". Hoy en día todavía existe cierta ambigüedad y cierta controversia sobre qué es realmente el estrés y hasta que punto se le puede culpar de ciertas enfermedades (y de una manera u otra parece estar relacionado con todas). Una definición básica del estrés, es la reacción del cuerpo ante un estímulo, un ambiente, un agente --y en realidad cualquier cosa-- que presenta un desafío o coloca al organismo bajo presión. Sabemos que cuando el estrés --que tiene una función de supervivencia, generalmente descrita como de huir o luchar-- ocurre de manera reiterativa o hasta crónica, el organismo sufre serias consecuencias: la más obvia tiene que ver con la supresión del sistema inmune, algo que ocurre ante la producción de cortisol.

 

En cierta medida existe un paralelo entre la creciente información relacionada con la microbiota y el microbioma humano y el estrés. De igual manera que el estrés parece jugar algún papel en casi todas las enfermedades, la microbiota humana también parece estar relacionada en la mayoría de las enfermedades modernas. 

 

Para que el estrés puede afectar el cuerpo es necesario que exista comunicación entre el cerebro y los diferentes órganos. Una de las formas principales que el estrés y las hormonas y neurotransmisores que produce se hacen sentir en el cuerpo, y particularmente en el intestino, es a través del nervio vago, que en muchos aspectos es un canal centra de respuestas anti-inflamatorias y pro-inflamatorias. Recientemente investgadores han descubierto que existe una vía de comunicación bidireccional: también el intestino se comunica y afecta el cerebro. Se ha acuñado para esto el término eje-cerebro-intestino-microbiota (brain-gut-microbiota-axis).

 

El Dr. John F. Cryan explica que la microbiota es capaz de impactar en el cerebro a través de la producción de ácidos de cadena corta y neurotransmisores. Habría que señalar que el intestino, además de ser el órgano encargado en regular qué entra al cuerpo y qué no lo hace, es también el gran surtidor de neurotransmisores, de ahí que se le llama también "el segundo cerebro". Cryan realizó un estudio en el que logró hacer que unos ratones de laboratorio se "relajaran" y pudieran tener un comportamiento menos estrado dosificándolos con bacterias probióticas que asisten en la producción del neurotransmisor GABA. El Dr. Mark Lytes, pionero en este campo, ha encontrado que diferentes bacterias pueden producir casi cualquier neurotransmisor, siendo de hecho un poderoso agente "psicobiótico".

 

Un estudio realizado por la Dra. Tracy Bale en la Universidad de Pennsylvania mostró que el estrés que padece una madre durante el embarazo afecta el desarrollo de un bebé, incluyendo su función cerebral --trastornos que están correlacionados con cambios en la microbiota que es pasada de la madre al hijo a través del canal vaginal. Esta microbiota entregada al nacer es determinante en la composición del sistema inmune de un niño.

 

Una investigación liderada por científicos de la Universidad de McMaster fortalece la conexión entre el estrés y la microbiota.  En este estudio se sometió a una serie de ratones a una situación de estrés al separarlos de sus madres tempranemanete. Esta misma situación se realizó con ratones sin microbiota (ratones gnotobióticos). La diferencia que encontraron estriba en que si bien ambos grupos de ratones reflejaron respuestas asociadas con el estrés, los ratones que no tenían microbiota no mantuvieron las disfunciones asociadas con el estrés al crecer, mientras que los otros ratones adultos, con microbota, siguieron padeciendo los efectos. Cuando los investigadores transfirieron las bacterias de los ratones del primer grupo a los que no tenían microbiota, rápidamente se observaron conductas depresivas y ansiosas.

 

El Dr. John F. Cryan ha observado también que los pacienets que tienen síndrome del intetsino irritable tienen una microbiota alterada. Un factor a considerar en este caso tiene que ver con personas que tienen este síndrome sueñen ser hipersensibles al dolor y se ha mostrado que las bacterias del intestino modulan la respuesta de dolor a través de los receptores opioides y cannabinoides.

 

Lo anterior parece indicar que existe una relación de afección mutua entre el estrés y la microbiota y un alta sensibilidad a cambios psicofísicos en todo el organismo, modulados posiblemente por este eje que conecta al intestino y sus billones de bacterias con el cerebro. Así tenemos una causalidad interrelacionada --al menos hasta lo que se sabe-- en la que cambios en la microbiota afectan la función cerebral y digestiva, pero igualmente alteraciones que se originan en el cerebro afectan la composición de la microbiota y por supuesto la función digestiva e inmunológica del intestino.

 

 

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