El secreto para una buena digestión de la gente más longeva del mundo

/ 2016-02-16

En la isla de Okinawa en Japón viven cerca de 1.3 millones de personas, se calcula que alrededor de 740 de ellas tienen más de 100 años (un promedio de alrededor 50 centenarios por 100,000 habitantes: el más alto del mundo). Los pobladores de esta prefactura japonesa suelen ser considerados las gentes más longevas del mundo. Pero quizás más importante que su longevidad es el hecho de que en su vejez se mantienen muy saludables.

 

Científicos han estudiado los hábitos y la dieta de los ciudadanos de Okinawa y si bien su dieta tiene algunas puntos a destacar como el consumo de muchos alimentos ricos en antioxidantes y fibras solubles prebióticas como el camote, lo más relevante es cómo comen. La gente de Okinawa practica una antigua enseñanza que proviene de la filosofía del sabio chino Confucio, se trata del hara hachi bun o comer hasta que uno este 80% lleno. Esta permanente restricción de calorías ha sido asimilada en todos los estratos y se utiliza como una norma.

 

Lo que es parte de la sabiduría popular tiene bases científicas según algunos estudios científicos que muestran que la restricción de calorías es una estrategia efectiva para prolongar la vida de los animales. La restricción de calorías mantiene bajo el índice de masa corporal y evita que el estómago constantemente esté alargándose, algo que parece ser bastante dañino y poco eficiente en la conservación de la energía.

 

El maestro zen Hakuun Yasutani acuñó el dicho "ocho partes de un estómago lleno nutren al hombre las dos partes restantes nutren a los médicos".

 

El hara hachi bun se ha popularizado en Occidente, entre algunos médicos, nutriólogos y terapeutas que a veces lo combinan así: "Come sólo hasta que estés 80% lleno y da 80 pasos.

 

Comer en exceso siempre será una forma de desbalance y muchos de los alimentos con los que nos excedemos suelen favorecer el crecimiento de bacterias patógenas: una disbiosis. Existe una correlación entre la obesidad, la sobreindulgencia alimenticia y la poca diversidad en el microbioma.  El hecho de que nuestra dieta directa e inmediatamente afecte a las bacterias y microorganismos que forman nuestro microbioma (el cual cuenta con 10 veces más células que nuestro cuerpo "humano"), arroja nueva luz a la frase "somos lo que comemos". Por si esto fuera poco, comer menos tiene notables beneficios ecológicos: es en realidad un acto político y ético.

 

Un estudio dado a conocer el año pasado muestra que México es el segundo país con la tasa más alta de obesidad en el mundo, sólo superado por Estados Unidos.  La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición en el 2012 calculó que la mitad de la población tiene sobrepeso. Esto está relacionada también con numerosos problemas digestivos, cardiovasculares y también con los altos ínidices de diabetes que se tienen en el país. Seguir el hara hachi bun, es decir, limitar nuestras porciones de alimentos, parece ser doblemente importante para los mexicanos. Incorporar buenos hábitos y disciplinas desde una edad temprana es altamente provechoso. Otro dicho popular que viene a colación es: "comer para vivir, no vivir para comer".

 

Evidentemente ciertas culturas tienen diferentes hábitos y costumbres y no todo lo que funciona en una parte funciona en otra. Esta idea de la moderación alimenticia es fácilmente implementada en una cultura que por la influencia de religiones como el budismo o el sintoísmo ha desarrollado una disciplina natural. Sin embargo, es posible crear una cultura sobre la importancia de moderarse e informar al público para que tome su alimentación con mayor seriedad sin recurrir a un régimen de férrea ordenanza. No hay que olvidar el dicho: "todo con moderación, incluso la moderación".

 

 

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