El secreto de una vida larga y sana es simple: come menos

Harmonía / 2017-07-10

La investigadora Julie Matssion del National Institute of Ageing, una de las principales expertas en el campo, sostiene que si bien existen diversos factores que influyen en la calidad y longevidad de nuestras vidas, el factor más importante es simplemente un cambio de dieta, específicamente reducir la cantidad de comida que consumimos diariamente, vía la restricción de calorías.

 

Más allá de hacer una distinción entre ciertos macronutrientes, bajar el consumo de azúcar y grasas saturadas (todo lo cual es recomendable), lo esencial es reducir el tamaño de las porciones que comemos diariamente de manera permanente. Diversos estudios muestran que reducir un 30% la cantidad de alimentos consumidos por día está ligado a un incremento en la vida de gusanos, moscas, ratones y monos, y ahora se empieza a probar también en humanos. Esto parecer ser lo que hacen los pobladores de Okinawa en Japón, el lugar con mayor índice de centenarios en el mundo, donde se tiene la costumbre de comer solamente hasta el 80% en todas las comidas, esto es, no llenarse más del 80% nunca, lo cual se efectúa contando calorías.

 

Tan temprano como con Hipócrates en la Antigua Grecia, se había ya observado que muchas de las enfermedades estaban asociadas con la glotonería. En el siglo XV se presentó el famoso caso de Alvise Cornaro, un aristócrata italiano que decidió comer sólo mil calorías al día (350 gramos). Cornaro decía que así logro obtener "la salud perfecta"; vivió hasta los 84 años de edad (en esa época algo nada desdeñable), dejando unas memorias en las que defiende la restricción de calorías. 

 

Estudios más recientes con monos Rhesus sugieren que restringir las calorías reduce el cáncer en un 50% (una cifra similar ocurre en el caso de las enfermedades del corazón). No obstante, los científicos advierten que es posible que existan diferentes predisposiciones genéticas y ciertas personas no tengan problemas ingiriendo más calorías, pero al menos para una buena parte de la población es muy probable que restringir la cantidad de comida que consumen sea benéfico.

 

En el caso de los seres humanos es más difícil hacer este tipo de pruebas, ya que necesariamente deben continuarse a lo largo de varios años, incluso décadas, pero se ha visto que cuando se deja comer libremente a individuos que sufren de obesidad, éstos exhiben muestras tempranas de enfermedades relacionadas con la edad, lo cual no sucede si llevan una dieta de restricción de calorías.

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