El macrocosmos entra en el microcosmos cuando comemos alimentos orgánicos que han absorbido la luz solar

Edmeé García / 2016-08-30

Los filósofos griegos como Aristóteles solían referirse a la primera materia existente como una substancia amorfa y oscura  a la que se referían como caos.  Interesantemente, esta materia de caos al ser armonizada por la luz tomaba forma y podía convertirse en un ser vivo. Es decir, podía dejar de ser “caos” para volverse “cosmos”, una manifestación de las fuerzas divinas de orden y equilibrio. Dentro de esta forma de ver el mundo, las plantas tenían el papel de intermediarias de la creación. Ellas estaban entre el cielo y la tierra, entre el cosmos y el caos, pues capturaban la luz luz cósmica para  manifestar formas de vida terrestre a partir de elementos primordiales.  Luego, las plantas podían servir de alimento a otros seres. 

 

La luna y los planetas también estaban involucrados en el sutil equilibrio cósmico, a través de impulsos. De tal manera que cuando los humanos consumían los granos, frutas y vegetales que plantaban en una tierra sin contaminantes y expuesta a la luz solar, podían absorber la energía cósmica en su cuerpo, afectando las emociones. En otras palabras, efectivamente somos lo que comemos y es así como la energía cósmica toma forma y sostiene la vida. Ahora nos referimos como fotosíntesis al proceso mediante el cual las plantas se alimentan de energía solar, pero en la antigua India existía la creencia de que las plantas son entidades que se encuentran en un estado de éxtasis divino, una meditación profunda de unidad con la fuente divina. Ya que las plantas permanecen quietas y silenciosas, ancladas a la tierra y rendidas bajo el cielo, mientras absorben a través de sus hojas la luz que proviene del sol, la luna y las estrellas. De tal manera que las plantas viven en un estado de armonía total y de acuerdo con los libros sagrados conocidos como “Upanishads” las plantas consumen energía cósmica y estelar y a su vez se ofrendaban a otros para alimentarlos. Específicamente el Anandavalli Upanishad enuncia: 

 

“La criaturas que viven en la tierra existen gracias a la comida, viven a través de la comida y finalmente se integran a la comida. 

 

Mientras que el Taittreya Upanishad declara:

 

“Brahma es comida. Sólo aquel que  se da cuenta de que está comiendo a Dios, come de verdad”.

 

En esta visión la luz cósmica es el objeto de meditación de las plantas y también es percibido como “om” o el sonido primordial y omnipresente que emana del sol. Asimismo tanto la luz como el sonido primordial se dividen en un sinnúmero de vibraciones que constituyen la armonía cósmica. De acuerdo a esta antigua tradición en cada vibración hay un ser divino, un deva, es decir una entidad espiritual que se expresa en un ser ya sea planta, animal, humano o angélico. De tal manera que cada especie de planta es una manifestación de un deva y cuando las personas preparan ciertas plantas como comidas, infusiones, remedios herbales, enteógenos o psicodélicos hacen posible que el deva deje temporalmente el macrocosmos o mundo exterior y entre en el microcosmos de un cuerpo humano o animal. De esa manera estas entidades espirituales pueden desplegar o manifestar sus propiedades en el mundo material.  Así que la antigua medicina relacionada con esta visión y conocida como ayurveda, distingue 3 tipos diferentes de nutrimentos o gunas:

 

1. Sattva

Comidas que son pura luz cósmica y alimentan tanto el cuerpo como el espíritu de la armonía universal. Estas plantas pueden crecer de manera silvestre o ser cultivadas de manera orgánica. Esto incluye la miel y productos lácteos de vacas sanas alimentadas naturalmente y que estén en contacto con los rayos solares y celestes. 

 

2. Rajas

Alimentos que incrementan la energía y la fuerza tales como las especias y las carnes. Este tipo de nutrimentos es el indicado para las personas activas tales como los guerreros y los atletas. Esta tradición considera también como parte de esta categoría alimentos como los ajos, cebollas y jitomates.

 

3. Tamas

Comidas que causan letargo en el cuerpo y el espíritu, como la carne de animales que no se han tratado con cuidado o sacrificados con crueldad y en estado de pánico. También los vegetales expuestos únicamente a lámparas artificiales  o contaminados con pesticidas y otras substancias tóxicas son consideradas como parte de esta categoría.  A través de este tipo de alimentos es que la energía o  información caótica entra a nuestro cuerpo, que en realidad requiere de lo opuesto: energía cósmica. 

 

Las culturas orientales no son las únicas que han notado la  profunda relación entre la comida y la salud, una de las máximas más difundidas en el mundo occidental  pertenece al escritor y gastrónomo Jean Anthelme Brillat-Savarin y enuncia:

“Muéstrame qué comes y te diré quién eres”. 

 

Con información de Reality Sandwich

 

 

Queremos ayudarte a encontrar las mejores ofertas enfocadas en bienestar durante El Buen Fin.

TODOS LOS COMENTARIOS SUMAN, #HAGAMOSCOMUNIDAD: