5 formas en las que la microbiota está transformando la salud humana

Harmonía / 2016-05-19

El Proyecto del Genoma Humano fue una de las iniciativas científicas más caras y más celebradas de la historia. Cuando concluyó este proyecto, que supuestamente habría de marcar un antes y un después, se asignaron recursos para continuarse esta vez como el Proyecto del Microbioma Humano. Con un origen más discreto, es quizá este proyecto el que está transformando de manera más efectiva la salud del ser humano.

 

La idea era que con el descubrimiento del genoma humano se podrían cambiar ciertas "letras" del libro humano, genes individuales, y se corregirían enfermedades fácilmente. En los últimos años hemos aprendido que las enfermedades generalmente no ocurren por causa de genes inidividuales --o son muy pocas las que dependen estrictamente de un único gen. Por otro lado, una pequeña revolución en la microbiología ha descubierto que muchas de las enfermedades modernas sí tienen relación con la microbiota. (Microbiota es el término usado para llamar al colectivo de microorganismos que existen en el cuerpo humano; microbioma son los genes que codifican estos microorganismos).

 

A continuación cinco formas en las que la microbiota está alterando la forma en la que la ciencia concibe al ser humano:

 

1. El ser humano es un superorganismo

 

Diversos biólogos, a la luz de la nueva información, han jugado con la idea de que el ser humano debe de redefinirse, ya no como un individuo, sino como un colectivo o una colonia de biodiversidad ambulante. Esto debido a que en el ser humano existen más de 100 billones de bacterias y hasta 10 veces más células microbiales que propiamente humanas. Esta enorme diversidad interna forma un complejo ecosistema el cual es parte esencial de la evolución del ser humano, el cual puede considerarse un "simbionte", un organismo simbiótico que existen de manera interdependiente con una enorme cantidad de organismos, algunos de los cuales forman relaciones parasitarias, pero muchos otros más forman relaciones de beneficios mutuo. "Como organismos compuestos que contienen partes microbiales y humanas, debemos reconocer que su biología está íntimamente relacionada. Estos microbios son nuestros compañeros para toda la vida, y si los podemos nutrir y cuidar, ellos protegerán también el cuerpo humano que llamamos nuestro hogar", dice el biólogo Justin Sonnenburg.

 

2. Las enfermedades mentales se pueden tratar a través del intestino

 

Un modelo holístico integral emerge de la relación entre el cerebro, el intestino y la microbiota. Recientemente se ha demostrado que alteraciones en la dieta y el consumo de diferentes alimentos probióticos puede afectar condiciones mentales como la depresión o la ansiedad a la vez que mejorar diferentes aspectos cognitivos. Científicos han notado que través del nervio vago y de las señales químicas producidas en el intestino por intercesión de la microbiota, existe un canal activo de comunicación bidireccional entre sistemas. Así, por ejemplo, el estrés afecta la composición de nuestra microbiota, pero cierta presencia de bacterias benéficas, a su vez, nos hace menos susceptibles al estrés.

 

Lo anterior presenta una posible revolución en el tratamiento de enfermedades mentales, las cuales hoy en día recurren a poderosos fármacos psicotrópicos que tienen numerosos efectos secundarios y que en líneas generales reducen la sensibilidad de las personas. Bacterias diseñadas específicamente para atacar problemas del cerebro pero desde el intestino podrían proveer soluciones inocuas para rehabilitar personas que viven en los abismos de estos trastornos cognitivos y sociales. 

 

3. Un paradigma probiótico

 

Los antibióticos son uno de los descubrimientos más importantes en la historia de la medicina y quizás por ello suelen ser abusados. Hoy en día uno de los principales problemas de salud a nivel global es el abuso de antibióticos. Esto ha generado por una parte la creación de bacterias super-resistentes y una serie de enfermedades que el Dr. Martin Blaser llama "epidemias por ausencia", esto es, enfermedades como el autismo, la diabetes, la enfermedad de Crohn y muchas otras que parecen estar relacionadas a una pérdida de diversidad en la microbiota. 

 

Elie Metchnikoff, el gran pionero de la inmunología, hace cien años escribió: "El lector puede sorprenderse de mis recomendaciones de absorber grandes cantidades de microbios, ya que la creencia general es que los microbios son dañinos. Esta creencia, sin embargo, es errónea". Esta creencia sigue vigente y genera numerosas complicaciones de salud, muchas de ellas debido al exceso de prescripciones de antibióticos. 

 

4. Somos lo que comemos

 

O, cómo dice el crítico del New York Times, Micheall Pollan, "eres lo que come lo que comes", es decir, somos también el resultado de cómo alimentamos a nuestros microorganismos, los cuales a su vez nos alimentan a nosotros produciendo diferentes sustancias químicas que modulan nuestros estados de ánimo, hacen que trabaje en armonía nuestro metabolismo y mantienen nuestro sistema inmune funcionando sin sobresaltos.

 

Las frases "eres lo que comes" y "que tu comida sea tu medicina" son lugares comunes y sin embargo es apenas que estamos dimensionando lo que significan (y son profundamente ciertas). Un cambio de dieta de un par de días puede reconfigurar radicalmente la composición de miles de millones de microorganismos en nuestro interior. En pocos días podemos hacer el equivalmente de transformar lo que era un bosque tropical en una llanura, en términos de los ecosistemas bacteriales.

 

Algunos doctores empiezan a definir ya una dieta prebiótica y probiótica que favorece la diversidad microbial.

 

5. La forma en la que nacemos es vital para la salud de toda nuestra vida

 

Entre otras cosas, nuestro nacimiento está definido por ser el momento en el que nos llenamos de bacterias. Al cruzar el canal vaginal un bebé adopta básicamente la microbiota de su madre; esto es reforzado por los primeros abrazos y por la leche materna. Nacimientos por cesárea suelen propiciar que un bebé se llene de una microbiota foránea y un tanto más hostil, ya que no es la microbiota que ha evolucionado por miles de años en conjunto con el ser humano. 

 

Es durante los primeros días de nacido que el ser humano empieza a conformar un sistema inmune, el cual es un híbrido de células bacteriales y células humanas. "Puedes pensar en la microbiota del intestino como operando un switch que controla la sensibilidad o nivel de respuesta de todo el sistema inmune", explica Justin Sonnenburg. Las bacterias determinan respuestas locales como la duración de una diarrea pero también pueden impactar la respuesta a una particular vacuna o a nuestras alergias estacionales. Estudios muestran que las personas que nacen por cesárea o toman muchos antibióticos tienen más tendencia a enfermarse por albergar un sistema inmune débil o demasiado reactivo. 

 

 

 

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